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BREVE RESUMEN DE LOS DERECHOS DE LOS MAYORES. 

“…Las armas defensivas de la vejez,

son las artes y la puesta en práctica de las

virtudes cultivadas a lo largo de la vida. Cuando

has vivido mucho tiempo, producen frutos

maravillosos…”

 

De Senectute”

Marco Tulio Cicerón (106ac-43ac).

 

Iº.- INTRODUCCIÓN.

Sin ninguna duda, la atención continuada e inmediata de las personas que, por razón de edad, encuentran ciertos problemas para realizar algunas de las labores básicas de su actividad diaria, es uno de los principios que deben guiar, no sólo al Legislador o al Gobernante, sino a toda la Sociedad Española. En otras palabras, en una sociedad coherente y solidaria todos, todos, debemos contribuir al buen autogobierno de aquellos que, por ser nuestros predecesores, nos han indicado el correcto comportamiento y nos han dado, no ya la vida, sino también casi todo lo que conocemos. Sin embargo este “contribuir al buen autogobierno”, no deberá significar nunca desconocer, desmerecer, menoscabar o suplantar ninguno de los Derechos de la Persona Mayor. Del contenido, precisamente, de estos Derechos de los Mayores vamos a tratar en estas líneas.

 

IIº.- CONTENIDO DE LOS “DERECHOS DE LOS MAYORES”

Los Derechos de los Mayores[1] encierran los siguientes derechos personales, intransferibles, interdependientes, e interrelacionados:

a)     El derecho a una convivencia adecuada, que incluya elementos básicos como son; la alimentación, la vivienda y la vestimenta.

b)    El derecho a recibir toda la asistencia que pueda necesitar.

c)     La no discriminación por razón de edad.

d)    El derecho a la salud.

e)     El derecho a un trato digno.

f)      La protección ante cualquier rechazo o cualquier tipo de injerencia o arbitrariedad, en su ámbito social.

g)     El derecho a una activa participación en los aspectos económicos, políticos y culturales de la sociedad en la que convive.

h)    El derecho a intervenir en las decisiones relativas a su patrimonio o bienestar.

Tal vez, desde nuestro modesto entender, la clasificación transcrita merecería cierto reproche al poner el “Derecho a un trato digno” en un quinto puesto. Según nuestro criterio, la Dignidad[2], entendida, muy genéricamente, como la cualidad de las personas por la que son sensibles a las ofensas, desprecios, humillaciones o faltas es uno de los valores esenciales que, tan silenciosa como habitualmente, se están devaluando con respecto a los Mayores. Y es que, nunca lo olvidemos, quien tiene un andar pausado, no recuerda bien las cosas o necesita la ayuda de otro para vestirse es, siempre, tan digno como el más sabio o el más saludable de sus conciudadanos.

Para las Organización de las Naciones Unidas (ONU), los Mayores, tienen los siguientes Derechos, distribuidos en cinco grupos:

1º.- independencia,

2º.- participación,

3º.- atención,

4º.- realización personal y, especialmente,

5º.- la integridad de su dignidad personal.

Además, desde hace ya años, la ONU eligió el lema: Hacia una Sociedad para Todas las Edades, y proclamó[3] que; “…una sociedad para todas las edades es una sociedad que, lejos de hacer una caricatura de los ancianos presentándolos enfermos y jubilados, los considera más bien agentes y beneficiarios del desarrollo…”.

La Santa Sede[4], en plena coincidencia con nuestro criterio, insiste en “…el respeto a la dignidad y a los derechos fundamentales de la persona anciana y, con la convicción de que los ancianos tienen aún mucho que dar a la vida social, desea que se afronte la cuestión con un gran sentido de responsabilidad por parte de todos: individuos, familias, asociaciones, gobiernos y organismos internacionales, según las competencias y deberes de cada cual…”.

Dejemos, para más adelante, el tema de la Dignidad y pasemos a estudiar con detenimiento los Derechos de los Mayores, según la configuración que, de ellos hace, la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

 

IIIº.- LOS CONCRETOS DERECHOS DE LOS MAYORES.

Recordemos lo ya dicho; para las Naciones Unidas los Mayores, tienen cinco grupos de Derechos:

a)    - independencia,

b)    - participación,

c)     - atención y cuidados,

d)    - realización personal y

e)     - la integridad de su dignidad, de forma especial.

Como criterio general y válidos para los siguientes cinco epígrafes recordemos que, casi sin exclusión alguna[5], toda persona es igualmente responsable de sus decisiones, comportamientos y acciones. Hoy en día, ya todos los científicos, profesionales médicos y psicólogos saben que es muy falsa la creencia de que la inteligencia alcanza su nivel máximo en la adolescencia, deteriorándose a partir de entonces o que, por ejemplo, la actividad sexual, en la mitad de la vida, inicia un descenso; está comprobado que ésta se mantiene incluso durante los últimos años. El hecho, por ejemplo, de vivir en una Residencia para la Tercera Edad no implica ninguna restricción de la personalidad, ni de sus derechos ni de sus deberes y mucho menos, claro está, el hecho de superar cierta edad o pasar a la jubilación laboral. Recordemos que, más que limitaciones, el artículo 50 de la Constitución Española, establece derechos de “los ciudadanos durante la tercera edad” cuando dice que; “…los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad. Asimismo, y con independencia de las obligaciones familiares, promoverán su bienestar mediante un sistema de servicios sociales que atenderán sus problemas específicos de salud, vivienda, cultura y ocio…”.

 

IIIº.- Iº.- EL DERECHO A LA INDEPENDENCIA.

El concepto de la “independencia”, aplicado a las personas, se refiere a la posibilidad de configurar y mantener las opciones personales individuales libérrimamente elegidas o, bien, a la capacidad de establecer sus propias opiniones y no ser coaccionado por las de otros. No hay que confundir nunca está independencia con la necesidad de auxilio para concretas actividades relativas a su vida cotidiana, como puede ser la necesidad de ayuda o control en relación a las dolencias o deterioros que, el paso de los años, nos haya podido provocar. En términos generales, no podemos coincidir con el tan difundido concepto de “personas dependientes”; pues conlleva a la confusión de qué puedan carecer de independencia y ello no es así. Necesitan auxilio para ciertas actividades pero son, tan plenamente independientes, como aquel que se le presta el auxilio, por ejemplo. En cierto sentido hay que reconocer que las personas mayores pueden ver acotada su independencia por dos cuestiones circunstanciales y propias de los días que nos toca vivir:

a)     el culto a la juventud existente en nuestro tiempo y

b)    la tendencia, de la sociedad occidental, a rechazar la muerte.

En efecto, a las personas mayores se les suelen considerar como débiles y con alguna inferioridad con respecto a las generaciones más jóvenes para tomar sus decisiones, pero lo cierto es que, por el contrario, acostumbran a mantener un alto nivel de moralidad, una adecuada satisfacción vital y una elevada autoestima. Precisamente por eso, la sociedad actual tiene la obligación de garantizar a las personas mayores que no sólo tengan cubiertas sus necesidades básicas sino que, también, accedan a todos los recursos suficientes para seguir viviendo de forma independiente dentro de su comunidad.

 

IIIº.- IIº.- EL DERECHO A LA PARTICIPACIÓN.

Por lo que se refiere a la “participación” entendemos que, para nada, la edad habrá de ser factor influyente en nadie con respecto a su participación en la vida social de su comunidad o su ámbito social o familiar. No pasemos por alto que participar es colaborar, contribuir, cooperar, asociarse, caber, coadyuvar, compartir… Y, por ello, participar es uno de los pilares en los que se sostiene la propia vida de una persona. Resulta muy cierto que vivir aislado, ajeno a la sociedad, en el fondo, es vivir poco y mal. Por eso, este derecho, sin duda alguna, no debe de dejarse de lado, como, de modo lamentable, hoy en día se viene haciendo de forma tan incongruente como censurable. En conclusión, nadie puede limitar a otro para que participe en las actividades o en las decisiones sociales y, mucho menos, en base a criterios de edad.

 

IIIº.- IIIº.- EL DERECHO A LA ATENCIÓN Y CUIDADOS.

Recordemos lo transcrito referente al artículo 50 de la Constitución Española, pues, en su consecuencia, podemos deducir que, en España, el Derecho a la Atención a la Persona Mayor, se configuran con los siguientes componentes;

a)    el derecho a pensiones económicas adecuadas,

b)    el derecho a la disposición de bienes materiales necesarios.

c)     La existencia, no concretada, de ciertas obligaciones familiares y

d)    el derecho a que se activen cuantas medidas sean necesarias para su bienestar mediante un sistema de servicios sociales que atenderán sus problemas específicos de salud, vivienda, cultura y ocio.

Como hemos visto, dentro del apartado c) de este epígrafe, “Derecho a la Atención y Cuidados”, aunque no articulado de forma legal, viene integrado el Derecho a la protección familiar, que no es nunca algo que se deba reclamar, sino que tiene la persona mayor para y ante su familia, del cual no debería ser nunca despojado, ilegítimamente.

 

IIIº.- IVº.- EL DERECHO A LA REALIZACIÓN PERSONAL.

La “realización personal” se concreta en un conjunto disperso de derechos, expectativas o posibilidades que no se pierden ni se perturban con el paso de los años. Suponer que, solamente, quien sea adolescente va a tener abiertas las posibilidades y las expectativas de su realización personal y social, es un craso error. Más bien al contrario, lo cierto es que todos, absolutamente todos, desde que tenemos uso de razón hasta que expiramos, somos absolutamente capaces y libres para desarrollar nuestra personalidad y modificar nuestras actitudes, creencias u opiniones. Resulta inaceptable pensar que, con el paso de los años, se pierden las posibilidades o la aptitud para la autorrealización y el desarrollo de los particulares deseos, voluntades o expectativas.

 

IIIº.- Vº.- EL DERECHO A UNA DIGNIDAD ÍNTEGRA.

La Dignidad la han definido, desde Platón a Kant, como el valor intrínseco y supremo que tiene cada ser humano, con independencia de su situación personal[6], social, cultural y económica, así como de sus creencias, concepciones o ideologías. Todo ser humano posee dignidad por sí mismo y ésta nunca viene dada por nada ni por nadie sino que se adquiere desde el mismo instante del nacimiento y es intransferible. Su base está en el reconocimiento de que cualquier persona siempre será acreedora de un respeto. Como todos tenemos igual Dignidad, resulta que todos mereceremos el mismo respeto sin importar ni quien seamos, ni cómo seamos, ni nuestras circunstancias. Es más, cuando reconocemos y admitimos las diferencias de cada persona, haciendo que ésta sea digna y libre, es cuando, también, se reafirma nuestra propia dignidad.

Junto a la Dignidad, se sitúa el honor, como un aspecto parcial de la misma, que se traduce en que, careciendo de todos los datos de otro semejante, necesariamente se le tenga que considerar de modo positivo. El honor, en realidad, no es más que el desarrollo de la dignidad mediante la ejecución de las conductas. En ese sentido, el honor es una herencia de la infancia, cuando carecemos de datos y el mundo carece de nuestros datos, y que, con el paso del tiempo y la gestión de las conductas personales, se modificará en sus cualidades o valoración.

 

IVº.- CONCLUSIONES.

En estas breves líneas hemos querido dejar claro algo que todos deberíamos conocer sobradamente; que las personas mayores mantienen íntegros sus derechos y que, aunque no pudieran valerse, por sí mismos, para determinadas actuaciones, eso nunca implicará un menoscabo o una limitación de dichos derechos por parte, por ejemplo, de quien le preste ayuda. Es más, en el Código Penal -artículo 172- se castiga al “…que, sin estar legítimamente autorizado, impidiere a otro con violencia hacer lo que la ley no prohíbe, o le compeliere a efectuar lo que no quiere, sea justo o injusto… …cuando la coacción ejercida tuviera como objeto impedir el ejercicio de un derecho fundamental se le impondrán las penas en su mitad superior…”.

Por supuesto que está muy lejos de nuestra intención buscar soluciones en el Código Penal, pero sí que queremos dejar, desde el punto de vista jurídico, que, para nada[7], un tercero pueda menoscabar o apoderarse de los Derechos de los Mayores, referidos anteriormente, pese a que, con el paso de los años, todos suframos algún tipo de limitación en nuestras capacidades físicas o intelectuales. Si alguien, tenga la edad que tenga, necesita el auxilio de sus conciudadanos ello nunca habrá de significar una limitación, desistimiento o delegación de algunos sus Derechos ya descritos, que mantiene íntegros hasta el final de sus días[8].

 

RAMÓN MACIÁ GÓMEZ

Magistrado Jubilado

Agosto de 2009

sanedrin@ramonmacia.com

 

[1] Según la clasificación que hace Don Vicente Magro Servet, Magistrado y Doctor en Derecho en su texto “La Protección Civil del Anciano”.

[2] En realidad, la palabra “Anciano” está íntimamente asociada al concepto de Dignidad. El presbítero (en griego, “presbuteros” significa persona anciana), era un antiguo título dado a los oficiantes en algunas iglesias. En el Viejo Testamento el anciano era el cabeza de la tribu o de la familia. Los miembros laicos del posterior “Sanedrín” eran también llamados ancianos.

[3] En palabras del Secretario general Kofi Annan en su mensaje para la “Jornada Mundial de los Ancianos” de 1998.

[4] En el documento del Pontificio Consejo para los Laicos, de 22 de Julio de 2009 “La Dignidad del Anciano y su Misión en la Iglesia y el Mundo”.

[5] El menor de edad o el demente, por poner dos ejemplos.

[6] Por ejemplo, la edad o las limitaciones físicas o mentales.

[7] Sí no es con una justificación basada en la Ley

[8] O bien, cuando, tras el oportuno Procedimiento Judicial, así lo decidiera un Juez.

 

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