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BREVES ANOTACIONES SOBRE LA VIOLENCIA EN LA PAREJA Y DETERMINADOS FACTORES NEUROLÓGICOS.

 

En primer lugar, hay que efectuar la seria advertencia de lo poco consistentes que habrán de ser las disquisiciones médicas de este texto, ya que solamente están corroboradas y contrastadas en la medida que lo puede hacer quien no se dedica profesionalmente a la medicina. En definitiva, el destinatario de estas páginas no viene a ser, directamente, el sector médico, sino que es un texto de índole jurídica.

 

Iº.- INTRODUCCIÓN.

En muchas ocasiones y desde las más diversas circunstancias todos hemos escuchado, ante un acto constitutivo de violencia contra la mujer, que el varón agresor alegaba que era actuó motivado por “la provocación de su propia víctima”.

Curiosamente, si uno analiza con detenimiento las posibles razones en que escuda su conducta el que ha agredido a una mujer se da la paradoja de que son, evidentemente, muy diferenciadas de las alegaciones con las que se hace frente, comúnmente, a la imputación de otros actos delictivos. Examinemos unos ejemplos:

a)                               el agresor muy pocas veces niega su acción si no que, por el contrario,

b)                              públicamente es fácil que o bien el mismo “presuma” de su conducta o bien que no se moleste en evitar que otros la descubran, permitiendo, por ejemplo, que su esposa, con señales de un cuerpo golpeado, salga a la calle y

c)                               casi nunca se alega desconocer o de desvincularse del hecho sino que es frecuente que lo justifique en la excusa de que es ella, la víctima, la que le ha provocado para la comisión del acto delictivo.

Tan diferenciada respuesta ante la imputación de un delito nos debe hacer reflexionar. De esto vamos a hablar en estas breves líneas y no de medicina o neurología.

 

IIº.- EL CEREBRO HUMANO.

El cerebro humano es la estructura física, que conozcamos, más compleja del universo y está formado por 10 a 12 mil millones de neuronas. Sin embargo, el cerebro no es un organismo autónomo y, en gran parte, sólo funcionará si permanece interconectado con el medio ambiente en que se desenvuelve y, además, está demostrado que el medio influye en la estructura y función de las células cerebrales, dando, a su vez, forma a las capacidades, las habilidades y las conductas del individuo.

El cometido de la Neurología y de la Neurociencia es la de comprender cómo se desarrollan los procesos mentales gracias a los cuales percibimos, aprendemos, recordamos y actuamos. El cerebro constituye el núcleo del sistema nervioso; es el órgano en el que se almacenan los recuerdos, se conciben las ideas, nacen las emociones y se efectúan todas las funciones relacionadas con el control volitivo, innato, consciente o inconsciente de nuestro cuerpo. Para efectuar estas actividades, el propio cerebro se divide en diversas partes funcionales y, utilizando cerca del 20 % del caudal sanguíneo, es el órgano clave de todo el cuerpo humano. Sus diferentes estructuras rigen la sensibilidad, las emociones, la conducta, la inteligencia o el funcionamiento fisiológico.

Junto con el cerebro, y como elemento necesario para su utilidad, encontramos el sistema nervioso periférico, que es la red ramificada de nervios que se estructuran en torno a la médula espinal y recorren cada rincón de la anatomía. Son fibras nerviosas de dos tipos:

a)                               fibras aferentes, para transmitir información sensitiva hacia la propia médula espinal y al cerebro desde cualquier punto del cuerpo y

b)                              fibras eferentes, para transmitir las órdenes desde el cerebro hasta las diferentes partes corporales.

Destacar, finalmente, que el cerebro tiene su parte más voluminosa y compleja en el telencéfalo, con todos sus pliegues y surcos característicos; el telencéfalo contiene la información que, esencialmente, nos convierte en lo que somos: la inteligencia, la memoria, la personalidad, la emoción, el habla y la capacidad de sentir y movernos. Las diferentes zonas, o lóbulos, (frontal, parietal, occipital y temporal) del telencéfalo se encargan de procesar, cada una o en correlación, los diferentes tipos de información que le proporcionan las fibras aferentes.

El cerebro queda dividido en dos mitades, denominadas hemisferio derecho y hemisferio izquierdo, que se conectan en su parte central mediante conjuntos de fibras nerviosas (el cuerpo calloso) que les permite intercambiar información. Aunque, a simple vista, ambas mitades pueden parecer como idénticas, se constata, con cierta fiabilidad, que tienen funciones diferentes;

a)                                   el hemisferio izquierdo se considera la mitad lógica, analítica y objetiva, mientras que

b)                                  el derecho se considera más intuitivo, creativo y subjetivo.

Por poner un ejemplo; cuando alguien valora el precio de un objeto utiliza el hemisferio izquierdo; mientras que, cuando escucha música, utiliza el derecho.

 

IIIº.- EL SISTEMA NERVIOSO AUTÓNOMO.

El sistema nervioso autónomo, (parte del Sistema Nervioso y también conocido como sistema nervioso vegetativo), recibe información proporcionada por estímulos externos, para actuar sobre la musculatura, el riego sanguíneo y las diferentes glándulas que liberan hormonas, por ejemplo. El sistema nervioso autónomo es de carácter involuntario, activándose principalmente por los centros nerviosos situados en las ramificaciones nerviosas que recorren todo el cuerpo, sin embargo, algunas partes del cerebro, como el sistema límbico, son capaces de transmitirle impulsos y, así, influir en el control autónomo del cuerpo humano.

El sistema nervioso autónomo es sobre todo un sistema eferente y, repetimos, involuntario que transmite impulsos desde el sistema nervioso central estimulando, haciendo actuar y regulando los aparatos, órganos y sistemas periféricos. Es el que se encarga de controlar los procesos corporales sobre los que, casi nunca, necesitamos pensar, como la respiración, la digestión, la transpiración o la sudoración, por ejemplo. El sistema nervioso autónomo está compuesto por dos subsistemas: el sistema nervioso simpático y el parasimpático.

A) El sistema nervioso simpático, entre otras funciones, prepara al organismo para las respuestas rápidas en situaciones de emergencia, como cuando una persona advierte un peligro. Es, entonces, cuando el sistema nervioso simpático hace que el corazón acelere su ritmo para proporcionar más sangre a las distintas partes del cuerpo que podrían necesitarla y también provoca que se libere la adrenalina, la hormona que proporciona una fuerza adicional al organismo.

B) El sistema nervioso parasimpático que, por el contrario, se encarga de preparar al cuerpo para el descanso.

 

IVº.- EL SISTEMA NERVIOSO LÍMBICO.

Hace millones de años el cerebro de los homínidos evolucionó espectacularmente ya que, por encima del bulbo raquídeo y del primitivo sistema límbico se fue generando, con el neocórtex, el cerebro racional. A los instintos, impulsos y emociones puramente animales o irracionales se añadió la capacidad de pensar de forma abstracta y más allá de la inmediatez del momento presente. Hoy en día la corteza cerebral, la nueva y más importante zona del cerebro homínido, recubre y engloba las más viejas y primitivas. Esta distribución es la nueva esencia del Sistema Límbico que se configura en varias estructuras que gestionan diversas respuestas ante estímulos emocionales, ya no solamente, irracionales.

El sistema límbico, también llamado cerebro medio, es la porción del cerebro situada inmediatamente debajo de la corteza cerebral, y que integra órganos tan importantes como el tálamo, hipotálamo, el hipocampo o la amígdala cerebral; en el ser humano, estos son los centros de la afectividad y es aquí donde se procesan las distintas emociones y donde se experimentan penas, angustias y alegrías, por ejemplo. El sistema límbico está en constante interacción con la corteza cerebral y una transmisión de señales inmediata permite que el sistema límbico y el neocórtex trabajen juntos y esto es lo que explica que podamos tener cierto control sobre nuestras emociones. También está relacionado con la memoria, la comprensión, los instintos básicos, las emociones, la personalidad y la propia conducta y, además, interacciona inmediatamente con los sistemas endocrino y autónomo. Es el responsable principal de la vida afectiva y participa en la formación de los recuerdos.

Por encima del Sistema Límbico encontramos la corteza cerebral que, en su conjunto, es una estructura distintivamente humana; la mayor parte de nuestro pensar o planificar, del lenguaje, imaginación, creatividad y capacidad de abstracción, proviene de esta región cerebral. Amor y venganza, altruismo y maldades, arte y moral, sensibilidad y entusiasmo quedan mucho más allá de los modelos de percepción y de comportamiento espontáneo del sistema límbico, aunque se complementan e interactúan con este.

 

Vº.- LOS SISTEMAS CEREBRALES EN EL VARÓN Y EN LA MUJER.

Existen suficientes datos que indican patentes diferencias entre la estructura cerebral de hombres y mujeres, en particular, merece especial atención la lateralización izquierda-derecha de las funciones del cerebro. Si bien podría ser que estas diferencias estén producidas en base a los diferentes patrones cognitivos de los humanos, según su sexo, hasta ahora existen pocas evidencias definitivas (aunque sí muy convincentes) que confirmen esta hipótesis. Igualmente, existen datos sobre diferencias en el volumen cerebral o el ritmo de envejecimiento del cerebro y el propio funcionamiento del mismo, dependiendo del sexo.

Pese a todo, con el desarrollo de la neurociencia, van apareciendo numerosos estudios que confirman diferencias diversas en el funcionamiento y la estructura cerebral entre hombres y mujeres; los datos y las hipótesis que los explican proceden de tres fuentes principales:

1º.- Datos neuroendocrinos, ya que cada cerebro maneja diferentes humores o flujos hormonales, según el sexo.

2º.- Datos procedentes de las técnicas de neuroimagen, que demuestran que son diferentes las zonas cerebrales que se activan según cada estímulo y en cada sexo, en el llamado Diagnóstico Diferencial por la Imagen.

3º.- Datos procedentes de la psicología evolutiva. Mediante ellos se puede explicar el origen de las diferencias que se han ido produciendo a partir de los roles diferenciados entre hombres y mujeres, ya desde las tribus de nuestros antecesores, que aportarán en la carga genética aquellas características que supongan una ventaja para la supervivencia de la especie. A este respecto, no podemos olvidar que, en el origen de la humanidad, la violencia y el uso de las armas estaba reservado a los machos del género humano y que el hombre y la mujer se estructuraban en una sociedad en la que los papeles estaban claramente distribuidos;

a)     las mujeres se ocupaban del hogar, criaban a los hijos y cuidaban de los enfermos y, por su parte,

b)     los varones efectuaban labores referidas a la caza y la pesca.

Algunos planteamientos, de escasa o nula acreditación, pretenden convencer de que la violencia contra las mujeres tiene su origen en este reparto de las labores que provocaba, y se traduce hoy, en que la mujer domina con acreditada superioridad, la esfera de la comunicación verbal, mientras que el varón se mueve, esencialmente, en el ámbito de acciones que implican cierto uso de la fuerza. Ello se debe a esta distribución de funciones y al consecuente desarrollo de las cualidades precisas para su ejecución a nivel cerebral. Bajo esa premisa creíble se quiere deducir que el maltrato hacia una mujer es fruto de una primitiva “forma de expresión” o una “forma de comunicación”, entre los sexos. Esta justificación resulta, simplemente, aberrante.

Algunos neurólogos han valorado la hipótesis, dentro del conjunto de órganos cerebrales, de la amígdala como el incuestionable sistema modulador del almacenamiento en memoria de los sucesos emocionalmente significativos. Para dar soporte a esta hipótesis está constatada, mediante el visionado de películas en experimentaciones neurológicas, la existencia de un paralelismo casi total entre la activación en ambos lóbulos y el recuerdo de películas con impacto emocional intrascendente. Pero lo más llamativo es que resulta que las películas con una carga emocional relevante provocaban una activación de la amígdala derecha, cuando los grupos los componían mujeres, pero no así cuando los espectadores eran varones.

De todo lo anterior nos queda la certidumbre de que, bajo condiciones emocionalmente significativas, la diferenciada activación de la amígdala/hemisferio izquierdos produce una facilitación de la memoria para información genérica en los hombres, y la activación de la amígdala/hemisferio derechos produce, en las mujeres, una facilitación relativa de la memoria para los de contenido emocional o emotivo.

Dicho lo anterior repasemos, ahora, otras diferencias según cada adscripción sexual, en la comunicación, en lo emocional, el apego y el desarrollo. Podemos apreciar que;

a)                                El estudio de bebés recién nacidos indica que los bebés de cada sexo responden diferenciadamente al sonido de otro humano, pero dicha respuesta es mucho más marcada en las niñas.

b)                               Desde un punto de vista evolutivo, tiene sentido que las mujeres, que durante tanto tiempo han sido la primera línea de cuidados del bebé frente al mundo, en realidad haga que estén orientadas hacia las necesidades de los otros. No nos ha de sorprender la finura de sus sentidos como el olfato o el tacto.

c)                                Además está el oído. Las mujeres oyen mejor que los hombres los sonidos agudos; la diferencia se encuentra ya en la infancia y aumenta con la edad.

d)                               En otro orden de cosas, las mujeres tienen una mayor facilidad que los hombres para interpretar expresiones faciales y existen experimentos que acreditan una capacidad más aguda en las mujeres para leer expresiones no verbales.

e)                                En diversos estudios realizados mostrando fotografías de sujetos, ambos sexos percibían con facilidad cuando alguien está contento. Las mujeres podían detectar, con gran facilidad, la tristeza en una persona, independientemente del sexo de la misma. Los hombres mostraban una capacidad similar a la mujer para leer la infelicidad en el rostro de otro hombre, decreciendo esta facultad al analizar el rostro de una mujer.

 

VIº.- FACTORES NEUROLÓGICOS EN LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER.

Entrando ya, por fin, en lo que es la pretensión de este escrito, el cerebro de un varón y de una mujer tiene aspectos fisiológicos y de comportamiento claramente diferenciados, pero nuestra finalidad es la de investigar si existe algún vínculo notable entre los mismos y la violencia contra la mujer. No nos dejaremos caer en la trampa de considerar que la “fuerza física” del varón es un pasaporte válido para el ejercicio de cualquier acto violento injustificado. Con esa lógica, claro está, consideraríamos no culpables a las mujeres que envenenan a sus maridos, por ejemplo. Lo que nos interesa es dilucidar el por qué de la tan habitual “excusa de la provocación” a la que hemos hecho referencia al inicio de este texto y sobre ello, casi exclusivamente vamos a tratar seguidamente. Como hemos señalado, en el Sistema Nervioso de ambos cerebros existe:

a)     El Sistema Autónomo; que se encarga de regular aspectos tales como el ritmo cardiaco, la respiración o la sudoración y que se activa, de forma automática e independiente, cuando inciden en la persona determinados impulsos exógenos.

b)    El Sistema Límbico, del que ya hemos hablado, que situado bajo la corteza cerebral, es el responsable de las emociones y, dentro de ellas, por ejemplo, las disputas de pareja.

En el presente epígrafe vamos a seguir las muy acreditadas y consolidadas conclusiones del Catedrático de Ciencias Neurológicas de la Universidad de Stamford, Mr. Robert Sapolsky. Desde lo ya dicho no podemos ignorar que, cuando una pareja entra en desacuerdo, tanto en la mujer como en el hombre, los sistemas autónomo y límbico se ponen en funcionamiento. Primeramente lo hace el límbico, básicamente, para imputar o rechazar el hecho o la cuestión origen de un desencuentro de la pareja; por ejemplo, la creencia de haber sido engañado/a. Cuando el Sistema Límbico ya se ha activado, además de generarse la discusión, se pone en marcha el Sistema Autónomo, que, en este caso, acelerará la respiración, elevará el tono de voz y puede provocar movimientos rápidos o violentos de las extremidades. Hasta ahora, ambos sistemas, son, básicamente, idénticos en el cerebro femenino y en el masculino. Pasados unos minutos puede terminar la disputa, por ejemplo, con la aceptación de una disculpa o una reconciliación.

Pero aquí viene la diferencia; mientras que el Sistema Autónomo del cerebro masculino se desactiva al tiempo que se diluye el impulso que lo puso en marcha desde el sistema límbico; resulta que, en el cerebro femenino, por el contrario, el Sistema Autónomo es más lento en su desactivación. Es decir, los aspectos espontáneos de la agresividad femenina se mantienen activos en la mujer y desactivados en el varón, acabada ya una puntual disputa. Ello tiene como consecuencia algo que todos hemos podido ver, en alguna ocasión; resulta que, una vez “Hechas las Paces” y al cabo de unos minutos, es frecuente que la mujer reproche a su pareja, por ejemplo, un hecho ocurrido hace meses, sin aparente conexión o explicación lógica alguna, con aquél que, momentos antes, generó la inicial disputa, pero sin la agresividad emotiva mas propia de su desactivado sistema límbico; es decir de forma más espontánea que razonada.

Ante el inesperado y novedoso reproche el varón puede valorar que la mujer “tiene ganas de pelea” y ello

a)     o bien genera una nueva respuesta agresiva del mismo

b)    o bien un desentendimiento del asunto, ignorándolo.

Sin embargo, luego ocurre que, pasado un corto espacio de tiempo, el Sistema Autónomo de la mujer vuelve a la normalidad y, entonces, ella misma, minusvalora y pierde todo interés en tratar sobre la segunda disputa. Pero (como hemos señalado en la hipótesis a)) en ocasiones sucede, que su cambiante conducta (primero puso fin a la inicial disputa para, pasados unos minutos sacar otro aspecto de fricción) haya vuelto a activar los Sistemas Autónomo y Límbico del varón, que entonces actúa de forma violenta ante la mujer indefensa y, ahora será, relativamente factible, que se produzca un posible caso de agresividad contra una mujer, que queda así explicado, pero nunca exculpado, pues todo acto agresivo de esta naturaleza es siempre apto de ser refrenado por cualquiera, pues para ello están los mecanismos de conducta y del control del impulso que forman parte de las estructuras básicas cerebrales de todos nosotros.

Este desfase en la desactivación del Sistema Autónomo en uno y otro sexo, explica la mecánica de infinidad de discusiones conyugales en las que, aparentemente, pareciera que la mujer busca el enfrentamiento, pero esto no es así, al menos conscientemente, esto es una simple exteriorización de que su Sistema Autónomo se desactiva más lentamente que el de su compañero varón y, sin duda alguna, no existe en ella voluntad de perpetuar la desavenencia inicial, pero actúa obligada por el impulso de su, todavía, activado Sistema Autónomo. Seguramente esto tiene su origen en la diversificación de funciones que asignaba a la mujer “el cuidado de la prole”, lo cual nos debe hacer deducir que, de forma innata, la mujer debe mantener activos sus mecanismos de defensa ante una agresión aunque, aparentemente o en la realidad, estos hayan desaparecido. Cosa que no ocurre en el varón.

 Esta diferencia entre ambos Sistemas Nerviosos del cerebro, sobradamente conocida en neurología, serviría para explicarnos la siempre confusa pero muy parecida mecánica de la estructura de infinidad de agresiones conyugales y el recurrente motivo exculpatorio que indicábamos al principio de estas líneas.

 

VIIº.- CONCLUSIONES.

Queda, simplemente, en manos del Legislador la posibilidad de que si se acreditasen, como seguramente se acreditarán, las anteriores elucubraciones neurológicas las mismas puedan alcanzar cierta trascendencia en los textos legales y se formule, o no se formule, una especie de circunstancia atenuante en el varón convicto de un acto relativo a la violencia contra la mujer.

Para quien firma estas líneas esta posibilidad no es moral ni legalmente correcta ya que viene a amparar a aquellos miembros de nuestra sociedad que carecen de un control de su impulso criminal cuando se dan las circunstancias propias para la comisión de un delito.

Otra cuestión, bien diferenciada, es que el maltratador condenado, por un Juzgador inteligente, nunca debiera ser tachado, como lo es hoy en día, de mentiroso o de falaz, sino, simplemente, de criminal.

 

RAMÓN MACIÁ GÓMEZ

Magistrado Jubilado

themis@ramonmacia.com

Publicado el 28-06-2010

www.ramonmacia.com

                         

 

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