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 EL CONCEPTO DE “DEPENDENCIA” APLICADO A LAS PERSONAS MAYORES

 

EL CONCEPTO DE “DEPENDENCIA” APLICADO A LAS PERSONAS MAYORES

Iº.- INTRODUCCIÓN.

Según cualquier Diccionario al uso el término “dependencia” tiene diversos significados, si bien existe unanimidad en que ha de referirse a;

a)     Subordinación a un poder mayor.

b)    Relación de origen o conexión.

c)     Sección o colectividad subordinada a un poder.

d)    Oficina pública o privada, dependiente de otra superior.

e)     En un comercio, conjunto de dependientes.

f)      Cada habitación o espacio dedicados a los servicios de una casa.

g)     Situación de una persona que no puede valerse por sí misma.

h)    Necesidad compulsiva de alguna sustancia, como alcohol, tabaco o drogas.

Pese a la exagerada e indiscriminada utilización de la palabra “dependencia” para referirse a la personas mayores resulta claro que, únicamente la acepción g) es susceptible de avalar tan abusivo uso y mantiene alguna coherencia con la muy indirecta referencia que este término hace a la Persona Mayor. Ello provoca que se generen múltiples y confusas deducciones y falsas creencias. En estas líneas vamos a tratar de delimitar el concreto significado social, médico y jurídico del término “dependiente” o “persona dependiente”.

IIº.- LA PERSONA COMO SER INDEPENDIENTE.

En todo Sistema Jurídico moderno se entiende que la persona es independiente y siempre mantiene íntegras sus capacidades jurídicas y de obrar y que, sólo por excepción, estas se pueden ver limitadas. En el Derecho Español estas limitaciones de la independencia de toda persona se concretan a:

a)     LA EDAD. En el Derecho, la edad es el factor que determina la capacidad legal en su integridad. Una vez alcanzada la mayoría de edad, toda persona deviene plenamente con capacidad de obrar, entendiéndose por tal la aptitud para llevar a cabo todo tipo de actos con eficacia jurídica. Pero también existe una clara influencia entre edad, ya no por inferior sino por superior, y ciertos aspectos del desarrollo del individuo que, por ejemplo al avanzar en su camino por la vida, se han tomar en cuenta, cuando una persona pueda ser o bien internada en un centro geriátrico o bien declarada incapaz, en un futuro cercano, y que se suelen referir –sin que se haya producido la incapacidad, que seguidamente veremos- a:

1º.- la gestión del cuidado general de dicha persona, por ejemplo, las decisiones médicas, su ingreso en un centro especializado, etc…

2º.- la gestión de los asuntos financieros de dicha persona,

3º.- la protección del patrimonio personal ya que se pueden deteriorar las facultades administrativas, con el paso de los años, y

4º.- la previsión de la distribución de los bienes de cualquiera después de su fallecimiento; es decir, lo relativo a las disposiciones testamentarias.

b)     LA INCAPACIDAD. La incapacitación legal se configura como el remedio que establece la ley para suplir la capacidad de una persona que no puede gobernarse por sí misma. Las cuestiones que, en ocasiones, se plantean, es

1.- la de cuándo,

2.- la de por quién debe ser promovida,

3.- también el trato personal y ético que se ha de dispensar a la persona incapacitada,  

4.- la protección de sus derechos e intereses, en esas circunstancias y, por último

5.- las causas o motivaciones que han de determinar la incapacitación

Como ya hemos adelantado, debe de quedar absolutamente claro que la incapacidad de la persona de edad avanzada nunca se presume y solamente existe cuando así lo determina expresamente la oportuna sentencia judicial, posterior al procedimiento incoado al efecto, el cual (contestando al epígrafe 2.-) sólo lo podrán iniciar el cónyuge o los descendientes, en segundo lugar los hermanos u otros familiares más lejanos del presunto incapaz y, finalmente, en su caso, el Ministerio Fiscal.

Por lo que hemos visto, el Sistema Legal Español solventa todas estas posibles situaciones, y las similares, de una manera cuasi-unitaria; la incapacitación. Según el Código Civil, “incapaz” es quien no tiene posibilidad de autogobierno, debido a una  enfermedad o a una deficiencia. Incapacitar a una persona es privarla de la capacidad de obrar, y para ello tienen que mediar unas causas, referenciadas en la ley. Son causas (contestando al epígrafe 5.- anterior) de incapacitación las enfermedades o deficiencias persistentes de carácter físico o psíquico que impidan a la persona gobernarse por sí misma. La incapacitación está regulada en el Código Civil, -artículos 199 al 214, (redactados por la Ley 13/1983 de 24 de octubre de reforma del Código Civil en materia de tutela)-. Taxativamente, repetimos, sólo es “incapaz” quien así haya sido declarado por un Juez, tras haberse promovido y tramitado un expediente judicial de incapacitación, puesto previamente en conocimiento del Ministerio Fiscal, en el que recayó Sentencia declarando la incapacidad; en dicha Sentencia determinará la extensión y límites de la incapacitación.

IIIº.- EL CONCEPTO DE LA DEPENDENCIA.

Ya hemos visto que la dependencia y la incapacidad no son conceptos inexorablemente ligados en el derecho o en la práctica española, por eso, definida la incapacidad, interesa ahora concretar el concepto de dependencia. Muy escuetamente, desde un punto de vista médico-jurídico, solamente cabe entender por persona dependiente la que presente alguno o algunos de estos deterioros, menoscabos o patologías que, de forma efectiva, vengan a limitar la autonomía de su voluntad y provoquen la necesidad de ayudas externa para ejecutar ciertos actos cotidianos. Estos parámetros son:

a)     Problemas por déficit o insuficiencia orgánica, debilidad muscular.

b)    Afecciones crónicas y situaciones de estrés.

c)     Problemas originados por malnutrición, anemias, carencia o limitación de habilidades físicas.

d)    Problemas derivados de la sobrecarga del organismo: obesidad, hipertensión, problemas hepáticos.

e)     Problemas que aparecen a consecuencia de los déficits: incontinencia fecal o urinaria.

f)      Limitaciones derivadas de enfermedades degenerativas.

g)     Problemas originados por déficits de movilidad.

h)    Problemas originados por el insomnio o la  disnea.

i)       Problemas originados por ansiedad.

j)       Limitaciones psíquicas, depresión y falta de estímulos o expectativas.

k)    Problemas asociados a úlceras, infecciones, traumatismos, dermatitis, callosidades, uñas encarnadas, entre otros.

l)       Insuficiente calor ambiental, cambios bruscos de temperatura, ingestión o hidratación insuficiente.

m)  Problemas relacionados con un excesivo calor ambiental, utilización de vestidos inadecuados, ingestión e hidratación excesiva o exagerada exposición al frío o al calor.

n)    Problemas originados por desequilibrios físicos o psíquicos, agresiones ambientales, pobreza y polución.

o)    Problemas originados infecciones, dolor o incoordinación motriz.

p)    Incomunicación causada por deterioros sensoriales.

q)    Uso de fármacos hipnóticos y antidepresivos, ansiedad, estrés y sentimiento de culpa.

r)      Desequilibrio psíquico, crisis, situaciones de pérdida de memoria, conflictos de autoestima, sentimientos de culpabilidad, falta de motivación.

s)     Enfermedades invalidantes, demencias, frustraciones, ansiedad o vulnerabilidad a enfermedades.

t)      Inespecífica carencia de motivación, depresión, baja heteroestima, soledad, aislamiento y situaciones de perdida.

u)    Problemas de desorientación, demencias, tumores, problemas sensoriales, traumatismos y estrés.

v)    Falta  de interés debilidad psicomotriz y disminución de la capacidad de aprendizaje.

IVº.- EL CONCEPTO DE PERSONA DEPENDIENTE SEGÚN LA ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD.

Para la Organización Mundial de la Salud las causas de la dependencia son la “fragilización” unida a cierto “factor desencadenante”. Examinemos ambos conceptos.

a)     La fragilización es el resultado habitual de las enfermedades o carencias persistentes en los ámbitos físicos, psíquicos y/o sociales que devienen con la edad y que se traducen, en general, en alguna de las situaciones más arriba expuestas.

b)    El factor desencadenante consiste en cualquier episodio agudo -físico, psíquico, familiar y/o social- que aparece en un momento determinado y persiste en el tiempo.

Desde este innovador punto de vista, las consecuencias de la dependencia referidas a la Persona Mayor se suelen advertir en alguna de estas repercusiones:

1º cambio de vida,

2º aislamiento,

3º pérdida del domicilio y de la autonomía,

4º sentimiento de depresión o de decaimiento,

5º inversión de la autoridad,

6º nivel de auto-exigencia sobre-elevado,

7º culpabilidad y

8º conflictos, abandono o maltratos, su ámbito personal, familiar o social.

La concepción de la “persona dependiente” que hace la OMS nos parece muy adecuada, útil y clarificadora, ya que incluye, limitativamente, a determinadas personas y, en general, excluye a cualquiera que, simplemente, necesite la ayuda puntual de un tercero. Sería muy conveniente que el Derecho, incluso el lenguaje, español la adoptara.

Vº.- UN CONCEPTO CONCISO Y UNIVERSALMENTE VÁLIDO DE LA “PERSONA MAYOR DEPENDIENTE”.

Como hemos visto, la clave de la definición de la “dependencia” radica en el concepto, específico y sistematizado, de la “fragilidad” y no en aspectos subjetivos, ambientales o familiares; por eso nosotros vamos a concretar la “fragilidad” en los parámetros que exteriorizan la existencia de una necesidad de ayuda que se deriva, exclusivamente, de la propia fragilidad. Así, las “personas mayores frágiles” se deben definir definen según concretos factores, como son:

1º El deterioro físico o psíquico causado por su avanzada edad,

2º La necesaria dependencia, de un tercero, de forma permanente o habitual, en relación a actividades imprescindibles de la vida cotidiana

3º Ser objeto de alguna o varias patologías o deterioros ya mencionados.

Sin embargo, no nos confundamos, ya que “dependencia” no es “fragilidad” porque,

a)     No todas las personas frágiles son dependientes y

b)    No todos los dependientes son frágiles.

c)     Sin embargo, no cabe duda alguna, que ambos conceptos están muy estrechamente ligados.

Se entiende, generalmente, y este es el centro de la cuestión, que existe fragilidad cuando inciden algunos de los elementos fácticos siguientes:

a)      edad superior a los 80 años,

b)    trastornos del equilibrio y de la marcha
deambulación y marcha reducidas.

c)     depresión y utilización de sedantes y

d)    disminución de la fuerza muscular: trastornos funcionales de los miembros inferiores o, también la pérdida de la visión de cerca.

Desde otra óptica, de forma mucho más meticulosa, existen otros criterios diagnósticos que indican “fragilidad” y que son, comúnmente admitidos, veamos;

a)                               Vulnerabilidad acentuada frente al mundo circundante.

b)                              Respuesta deficiente ante la ansiedad, la angustia o el "stress".

c)                                Funciones de integración ralentizadas.

d)                              Pérdida de los receptores celulares o neuronales lo que disminuye la rapidez y la intensidad de las respuestas.

e)                                Reiterancia en una disfunción de las respuestas de los diferentes órganos.

 

Vº.- CONCLUSIÓN.

No nos cabe duda alguna que en el lenguaje español actual se ha consolidado el término “dependiente” como concepto general, expansivo y ambiguo que incluye a cualquiera que, por cualquier circunstancia, venga a necesitar del auxilio o de la ayuda de un tercero. Además de tener cierta connotación peyorativa y un carácter minusvalorativo, resulta, simplemente, poco útil y clarificador y, por ello, hay que resituar el término “dependiente” o “persona dependiente” en su lugar, en el sentido de que el abuso del término ha acabado por crear la falsa e injustificada sensación de que toda persona mayor es una persona dependiente; y esto no es así ya que solamente lo será cuando incurra en las circunstancias o en los parámetros antes citados. Mantener lo contrario nos conduciría al absurdo de considerar el alumno como “dependiente” del maestro, a la parturienta como “dependiente” del ginecólogo, o al comerciante como “dependiente” del banco…

Ni es así ni lo será nunca. Las palabras son solo representaciones de la realidad y ésta nos demuestra, muy sobradamente, que infinidad de “personas mayores”, aunque necesiten de cierta ayuda, auxilio concreto control y cuidado no son, por ello, dependientes; es decir carentes de independencia. La edad no priva de la libertad, de la personalidad o de la dignidad, valores entre los que siempre se entrecruza el concepto de independencia; mantener lo contrario es, simplemente, despojar ilegítimamente a una persona de edad avanzado de sus más fundamentales derechos, lo cual viene vetado por la Ética, la Medicina y la Ley.

 

RAMÓN MACIÁ GÓMEZ

Magistrado Jubilado

20 de Octubre de 2009

sanedrin@ramonmacia.com

 

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