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ALGUNOS CRITERIOS SOBRE LA DROGA Y EL DROGODEPENDIENTE DESDE EL DERECHO Y LA MEDICINA

 

ÍNDICE

 I.                   INTRODUCCIÓN.

Iº.- 1º.- 1º.- HEROÍNA.
Iº.- 1º.-
2.- DROGAS DE SÍNTESIS (ÉXTASIS Y SIMILARES).
Iº.- 1º.-3º.- COCAÍNA.
Iº.- 1º.- 4º.-
CANNABIS.
Iº.- 1º.- 5º.-
ALCOHOL.
Iº- 1º.- 6º.- TABACO Y FÁRMACOS.

Iº.- 2º 1º.-.- DATOS DE CONSUMOS A NIVEL MUNDIAL.
Iº.- 2º.- 2º.- EDAD Y SEXO EN ESPAÑA.
Iº.- 2º.- 3º.- COMPARATIVA CON LA COMUNIDAD EUROPEA.
Iº.- 3º.- PRIMERAS CONCLUSIONES.

       IIº.- EL CONCEPTO DE “DROGA”.

       IIIº.- EL CONCEPTO DE “DROGODEPENDIENTE” O “DROGADICTO”.

IIIº.- 1º.- GENERALIDADES.
IIIº.- 1º.- 1º.- ELEMENTOS DEL CONCEPTO DE LA DROGADICCIÓN.
IIIº.- 1º.- 2º.- EL DROGODEPENDIENTE Y LA TOLERANCIA.
IIIº.- 1º.- 3º.- EL DROGODEPENDIENTE Y LA ADICCIÓN.
IIIº.- 1º.- 4º.- EL DROGODEPENDIENTE Y LA CONDUCTA SOCIAL.
IIIº.- 2º.- LAS CONSECUENCIAS DE ESTE CONCEPTO DE DROGODEPENDIENTE.
IIIº.- 2º.- 1º.- SÍNTESIS Y TRATAMIENTOS ALTERNATIVOS EN GENERAL.
IIIº.- 2º.- 2º.- LAS EVITACIÓN DE LA TOLERANCIA.
IIIº.- 2º.- 3º.- LAS EVITACIÓN O ELIMINACIÓN DE LA ADICCIÓN.
IIIº.- 2º.- 4º.- LA INTEGRACIÓN SOCIAL DEL ADICTO.
IIIº.- 2º.- 5º.- LA PREVENCIÓN, EL DIAGNÓSTICO Y EL TRATAMIENTO DE LA DROGADICCIÓN.

         IVº.- CONCLUSIONES.

I. INTRODUCCIÓN.

            Antes de entrar en el análisis de los conceptos anunciados en el título de las presentes líneas hemos de hacer algunas consideraciones relativas a la incidencia que tienen las drogas en la sociedad española actual. Con los datos finales y fiables de que disponemos resulta evidente que durante la década de los noventa, el fenómeno de las drogas ha sufrido importantes transformaciones en España. Desde principios de los años 90 aparece un nuevo fenómeno emergente caracterizado por el uso de nuevas drogas y la adopción de nuevos patrones de consumo:

-          Si durante toda la década anterior y primeros años 90, la “droga” se asociaba en nuestro país, fundamentalmente, con la “heroína” y ésta era la sustancia que más preocupación causaba a la sociedad española, hoy tenemos claras evidencias sobre el descenso de su consumo en todas sus modalidades, tanto en el experimental, como en el ocasional y en el habitual.

-          Entre las “nuevas drogas” han adquirido relevancia social las llamadas “drogas de síntesis”, con una gran expansión en un corto período de tiempo.

-          Un aspecto que conviene resaltar es que estos consumos no encierran generalmente posiciones contraculturales o comportamientos marginales como sucedía con frecuencia en el caso del consumo de la heroína.

-          Nos encontramos con nuevas modas, nuevas formas de estar en sociedad, que afectan a grupos importantes de jóvenes relativamente normalizados en otras esferas de su vida. Lo más peculiar de estas drogas y la cocaína, además y por ejemplo, es la forma en que son consumidas por determinados sectores juveniles. Son consumos de fin de semana, fuera del ámbito familiar, en espacios o locales públicos y con la única motivación de la diversión.

-          En el caso del alcohol co-existen dos modalidades de consumo; el tradicional y el ocasional y de “fin de semana” que con frecuencia se asocia a una búsqueda intencionada de la embriaguez total.

Las principales tendencias en lo que se refiere al consumo, podrían sintetizarse del siguiente modo:

 Iº.- 1º.- 1º.- HEROÍNA[1]

Los datos disponibles apuntan a una estabilización, o incluso, descenso de su consumo. Así, entre 1995 y 1997, los que habían consumido heroína alguna vez en la vida han pasado del 1% al 0,5%, y los que la habían tomado en el mes anterior a ser encuestados del 0,4% al 0,15%. A esto hay que añadir un dato de sumo interés desde el punto de vista de la salud pública: entre los consumidores de heroína continúa disminuyendo la vía de la inyección y aumentando la práctica de fumar o inhalar esta droga, los llamados “chinos”. Desde 1991 a 1997, la vía intravenosa ha descendido 26 puntos, pasando del 50,3% al 23,8%.

 Iº.- 1º.- 2.- DROGAS DE SÍNTESIS (ÉXTASIS Y SIMILARES).

Se trata de sustancias química, en general variantes de la anfetaminas[2], mal llamadas “psicofármacos”, La más conocida, el éxtasis o MDMA está incluida desde 1985 en la lista I del Convenio sobre Sustancias Psicotrópicas de las Naciones Unidas, que es donde se agrupan las sustancias consideradas más peligrosas y, por ello, más sujetas a control internacional. En cuanto a datos sobre su consumo, la última encuesta efectuada a la población general española de 15 a 65 años (1997), señala que un 2,5% de los españoles habían consumido estas drogas alguna vez en la vida y un 1% en el último año. Sin embargo, hay que destacar el hecho de que una elevada proporción de quienes han consumido estas sustancias en alguna ocasión ya no lo hacen actualmente, como dijimos al principio es una droga que afecta a los jóvenes y con una motivación de diversión. Es decir, son drogas de “uso ocasional”, en principio. El dato más relevante lo constituye, sin duda, la estabilización encontrada, por primera vez desde su aparición, en este tipo de sustancias. Incluso, y aunque es todavía pronto para poder afirmar que estamos ante una posible tendencia de consumo descendente y habrá que esperar a que otras encuestas confirmen estos resultados, existen datos que apuntan en este sentido. Es de destacar el fácil acceso a las mismas, a diferencia de la heroína o la cocaína, por ejemplo debido, principalmente, a su bajo precio.

 Iº.- 1º.-3º.- COCAÍNA.

Al igual que el MDMA es otro estimulante del sistema nervioso; puede inhalarse, fumarse o inyectarse en cualquier caso la tolerancia se desarrolla rápidamente. Respecto a ella no parecen apreciarse grandes cambios en el consumo por parte de la población general, excepto el de un progresivo y generalizado aumento, que, según últimos datos se sitúa en un 3,2% para el consumo "alguna vez en la vida" y un 1,5% en el período de doce meses anterior a ser encuestados. El hecho más relevante en relación con el consumo de esta sustancia es el significativo aumento del número de personas que piden ser atendidas en servicios sanitarios y sociales en los últimos dos años. Entre 1995 y 1997 este tipo de demandas se ha duplicado y hasta el presente se puede haber quintuplicado. Todo ello aconseja un mayor nivel de vigilancia prevención y tratamiento especializado de los problemas asociados a este consumo. Respecto al crack o “base” (mas adictiva que la cocaína) y que es la disolución de la misma en amoníaco y se ingiere por vía pulmonar (fumada). Su consumo está, relativamente, poco extendido entre la población, si bien va en aumento en las zonas marginadas y entre los consumidores de heroína, mezclando ambas sustancias. Al dejar de consumir cocaína se suele producir un síndrome de abstinencia de tipología básicamente psíquica[3]. Es de destacar, que diversas campañas publicitarias, en España generalmente con un enfoque ciertamente equivocado, han provocado cierto aumento del rechazo social que provoca su consumo, véase a este respecto la nota 18.

 Iº.- 1º.- 4º.- CÁNNABIS[4].

Hay que ser cautelosos a la hora de concluir que el consumo de cánnabis está aumentando en la población general, pero sí puede confirmarse una expansión de este consumo en la población juvenil y adolescente, pero no en otros sectores de edad, durante los últimos años. Aproximadamente, uno de cada cinco españoles ha probado alguna vez esta sustancia. Teniendo en cuenta al conjunto de la población, un 2,6% puede considerarse que son consumidores habituales y ésta es la proporción de personas que lo consumen con una frecuencia semanal. No genera síndrome de abstinencia, tal vez, en ocasiones alguna compulsión al consumo o una leve ansiedad. Es de fácil adquisición, dado su bajo precio y su generalizada disponibilidad inmediata en el mercado de las drogas.

Iº.- 1º.- 5º.-ALCOHOL[5].

Sin duda es ésta la sustancia tóxica más consumida por los españoles: el 60,7% del conjunto de la población declara haber consumido alcohol durante los 30 días previos a ser encuestados, el 12,9% lo hace diariamente y un 9,3% se había emborrachado alguna vez durante el último año. Los análisis realizados por el Observatorio Español sobre Drogas constatan una serie de aspectos que conviene resaltar:

- La mayor proporción de personas que declaran consumir alcohol en el mes anterior a ser encuestados se da en el período de edad entre los 19 y los 28 años. En ese intervalo se llega a un 73% de bebedores de fin de semana, siendo éste un patrón de consumo en clara expansión.

- Otra de las características del patrón juvenil es la búsqueda intencionada de la embriaguez, embriaguez total o incluso “como etílico” de tal modo que el 39,5% de los jóvenes declara haberse emborrachado de forma contundente durante el último año previo a la encuesta y hasta el 4% en la semana anterior.

- Otro aspecto significativo de estas nuevas tendencias es la creciente incorporación de las mujeres jóvenes al consumo de alcohol. De hecho, existe una práctica equivalencia en las tasas de consumo de alcohol entre los sexos en las edades de 15 a 17 años.

A pesar de estos datos, persiste una gran tolerancia social ante el consumo de alcohol y una escasa percepción del riesgo del mismo, lo que dificulta la aplicación de estrategias dirigidas a su prevención[6]. En realidad respecto al alcoholismo éste es socialmente considerado como “enfermedad” solo en su fase final y cuando afecta de forma contundente a los entornos social y familiar del alcohólico, como veremos en el apartado IIº.- 1º.- 3º.-.

 Iº- 1º.- 6º.- TABACO Y FÁRMACOS.

            Son drogas tóxicas muy toleradas socialmente, que casi excluiremos de este trabajo al considerar que el que hace uso o abuso de estas sustancias no es, exactamente, un drogodependiente, sino que se halla en una situación periférica a ese concepto. Salvo raras excepciones relativas a los psicofármacos y que en realidad, por su composición, anfetamínica, o por sus efectos adictivos, las benzodiacepinmas, revelan cierto deterioro personal y provocan, por uno o por otro motivo, la atención social.

Las campañas “anti-tabaco”[7], en España tienen su punto álgido en la controvertida la Ley 28/2005, de 26 de diciembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos y efectos del tabaco[8], que entró en vigor el 1 de enero de 2006 entra en vigor. Respecto a los fármacos [9] el Pleno del Congreso de los Diputados aprobó el 29 de junio de 2006 la Ley de Garantías y Uso Racional de Medicamentos y Productos Sanitarios[10].

 Iº.- 2º 1º.-.- DATOS DE CONSUMOS A NIVEL MUNDIAL.

            Teniendo en cuenta que el número de habitantes del planeta es de 6.675 millones resulta que existen 8.000.000 de consumidores de heroína; 13.300.000 de consumidores de cocaína; 25.500.000 de consumidores de alucinógenos, 30.200.000, respecto a las anfetaminas, 141.200.000 consumidores de marihuana y 227.400.000 en lo relativo a los sedantes. Lo cual suma una cifra, genérica de 415.400.000 habitantes del planeta asiduos al consumo de drogas. El porcentaje resultante, en términos históricos, no es especialmente alarmante, si bien si que se observa, repito que hablamos en términos históricos, de un catálogo más amplio de los tipos de drogas.

 Iº.- 2º.- 2º.- EDAD Y SEXO EN ESPAÑA.

            En cuanto a edades: podemos ver que respecto al tabaco el inicio en su consumo se sitúa en los 16.4 años, y va progresivamente en descenso, respecto a las bebidas alcohólicas a los 16.7 años, también en descenso en lo referente a la edad, respecto a las “drogas inhalables” volátiles es de 17.8 años. El inicio en el consumo de cannabis es a los 18.3 años, el de los alucinógenos los 19.0 años de edad y el de las anfetaminas es a los 19.2 años.

            Respecto al sexo la prevalencia es siempre más alta entre hombres que entre mujeres. En el uso de cannabis, se produce en cada tres hombres por una mujer y en el de cocaína donde por cada mujer consumen dos hombres y en el alcohol los porcentajes se sitúan en el 76.0% en hombres y de 52.9% en mujeres.

 Iº.- 2º.- 3º.- COMPARATIVA CON LA COMUNIDAD EUROPEA.

            Dentro de nuestro ámbito cultural podemos diferenciar los siguientes datos estadísticos entre España (ya expuestos) y la comunidad Europea; 65 millones de adultos han probado alguna vez el cannabis, es decir, un 20% de los adultos; también destacar que 10 millones de adultos también resulta que han probado alguna vez la anfetamina lo que supone un 3% de los adultos, han probado alguna vez el éxtasis 8,5 millones de adultos, es decir 2,6% de los adultos. Actualmente se estiman 1,7 millones de consumidores de droga problemáticos (principalmente consumidores de heroína) en la UE.

 Iº.- 3º.- PRIMERAS CONCLUSIONES.

             De esta inicial introducción, cuyos datos proceden generalmente de los finales de la Década de los 90 se deduce que el fenómeno de la droga y de la drogadicción ha sufrido, y está sufriendo, un constante cambio. Y si la heroína era la droga por excelencia hace dos décadas hoy en día es una droga casi residual y de ámbitos marginales. Por el contrario, de forma muy peligrosa, algunas drogas, desde la cocaína hasta, sobre todo, el MDMA, se han introducido en la sociedad, en el sector juvenil, de forma muy alarmarte y de modo muy permisivo, haciendo que su consumo sea tanto en lugares público, siempre en compañía y con exclusivos fines de diversión, con una percepción mínima del riesgo, aunque, eso sí, con la cualidad de que aunque las “nuevas drogas” tienen, evidentemente, un carácter adictivo, en ningún caso como el de la heroína, por ejemplo. Otra cuestión es la de las drogas más clásicas, alcohol, tabaco y fármacos, que excepto en el ámbito legislativo, no han sufrido ningún tipo relevante en los últimos lustros, en lo que se refiere al consumo y a los consumidores. Excepción hecha, en relación al alcohol, de lo que hemos dicho respecto a la juventud, al consumo de fin de semana y a la búsqueda deliberada de la embriaguez.

             Respecto a la incardinación de España en el ámbito internacional hay que constatar que existe, un, evidentemente, grado diferencial, por superior, en el consumo de algunas drogas, sobre todo cocaína, cánnabis y MDMA.
 

IIº.- EL CONCEPTO DE “DROGA”.

            En términos muy generales una droga es cualquier sustancia con capacidad de alterar un proceso biológico o químico en un organismo vivo, con un propósito no nutricional. Son ejemplos de sus innumerables usos, el alterar intencionalmente la conciencia, combatir una enfermedad, aumentar la resistencia física o modificar la respuesta inmunológica. Popularmente, el término “droga” suele utilizarse para referirse a las de uso ilegal y que producen psicoactividad.

            De modo muy sintético podemos definir cualquier concepto de droga como el de una sustancia o una conducta que se sitúe dentro en los siguientes parámetros:

- Sustancia, o actividad, cuyo consume produce una reacción fisiológica o mental, o ambas, de forma rápida y siempre muy similar en su consumidor.

- Sustancia que tiene un mayor o menor grado de tolerancia fisiológica, esencialmente.

- Sustancia que genera una dependencia física, psíquica o psico-física en el paciente, conocido como “síndrome de abstinencia”[11].

- Sustancia que, a medio o largo plazo, genera un cierto deterioro de la salud, generalmente irrecuperable.

- Su consumo crea, en un período de tiempo variable, un progresivo rechazo social.

            En otras palabras; la respuesta inmediata del organismo ante la ingesta de la “droga”, su progresiva tolerancia y la aparición, a corto o medio plazo, de una dependencia, junto a la repulsa social y junto con algún deterioro físico son los cinco factores en los que se mueve el más general de los conceptos de droga.

            Otros elemento generalmente presentes en el concepto de droga, son los siguientes:

-          Su carácter ilícito o su íntima relación con conductas delictivas.

-          Su precio, más o menos, desfasado en relación a su coste material.

-          La tendencia al ocultamiento o negación de su consumo habitual y de la adicción.

-          Su carácter, generalmente, ilegal o legalmente limitada y restringida.

 Pero lo que mejor define el concepto de droga es el análisis de su consecuencia; el drogadicto o drogodependiente; y es, en este terreno resulta más que evidente que, ante la infinidad de sustancias (o actividades) que podrían entrar dentro de las coordenadas anteriores y ser consideradas como drogas, y su constante evolución o invención, es mucho más adecuado y aclarador estudiar el concepto de drogodependiente. Pasamos a ello ahora.

  

IIIº.- EL CONCEPTO DE “DROGODEPENDIENTE” O “DROGADICTO”.

 IIIº.- 1º.- GENERALIDADES.

El drogadicto, se caracteriza por que su actuar, muchas veces, está guiado, obligado, tal vez, por la compulsión a la repetición de una acción que sabe no está bien, pero que no puede dejar de hacerla, debido a su dependencia. Fisiológicamente se ha explicado como la necesidad de mantener niveles de determinadas sustancias en la sangre, que afecten a las conexiones neuronales, por encima de la normal. Mediante la liberación de la droga, a la que el drogodependiente es adicto, en el torrente sanguíneo, en una acción donde el miedo y el placer se confunden, se elimina el síndrome de abstinencia o, se obtiene el efecto placentero y particular para ese individuo.

 Cuatro matizaciones respecto al drogadicto o, en lenguaje mas actualizado, drogodependiente, (que nosotros no compartimos), por lo que más adelante se verá:

          1º.- La droga, como el juego, el sexo, la actividad exagerada, etc., se convierten en dependencia o “vicio” cuando no se puede limitar o parar su uso, que deriva en abuso, a pesar de la conciencia, mas o menos presente, que tal actividad o conducta es perjudicial para uno mismo, en cualquier área de su personalidad o de su salud y para otros, en el ámbito social, delincuencial o familiar. El jugador en cada apuesta, el seductor en cada nueva conquista, el alcohólico en cada consumo alcohólico, el atleta en cada nueva carrera, sabe que ponen en cierto grado de riesgo o peligro su salud o su vida. No es, pues, la actividad en sí, sino el placer emocional, no encontrado de otra manera, lo que está presente en cada nuevo encuentro con lo perjudicial; es eso lo que hace, momentáneamente, mas placentera su vida pero que, a la vez, destruye lentamente alguna faceta vital del adicto.

             2º - Este placer emocional, o fisiológico inexorablemente, se produce, como una rápida y prevista respuesta del organismo, tras la acción adictiva. Por ejemplo, un alcohol que se derive en borrachera después de transcurridas las 24 horas sería raramente adictivo. Una cocaína de efectos retardados, difícilmente, contribuirá a la adicción cocaínica. El paradigma lo hallamos en la ludopatía; dicha dependencia no se genera nunca cuando el premio esperado se produce al cabo de cierto de tiempo (un sorteo semanal), sin embargo, ante una máquina “tragaperras” de un bar cuyo premio es siempre menor pero cuya respuesta es inmediata, si que se produce la ludopatía. Por ejemplo, la morfina, administrada por parches, de lenta disolución, no suele generar más que una adicción de tipo sicológico, fácil de solventar.

             3º - En la actualidad las personas que de alguna manera se ven involucradas en la solución de la drogadicción centran la atención en la erradicación del consumo. A pesar de las diferentes experiencias, en donde se demuestra la inoperancia y falta de resultados, se sigue creyendo que, erradicando el consumo, se erradica la dependencia. No compartimos, inicialmente, esta concepción. Eso no es tan claro y, más bien, es erróneo: analicemos los estudios sobre alcoholismos, que inevitablemente concluyen en que tras una prolongada abstinencia del consumo de bebidas alcohólicas, aunque sea prolongado durante décadas, para nada exime de la condición de alcohólico; no se puede vencer una “enfermedad incurable”. La solución radica, según nuestro entender, no en la sola erradicación del consumo, sino en la paliación de los efectos de ese consumo o, incluso, en técnicas de control del consumo.

           4º.- Finalmente, debemos señalar un factor no siempre tenido en cuenta de forma adecuada y es que, más allá del consumo de drogas, un patente problema que enfrenta a la sociedad y, casi siempre, a la familia, con los ciudadanos que consumen “drogas”, sean estos drogadictos consumados o simplemente consumidores ocasionales o no dependientes, es la falta de comportamiento adecuado, conducta coherente y, finalmente, la no asunción de las responsabilidades sociales que, comúnmente, todos asumimos. Es imprescindible contemplar siempre al adicto como un sujeto envuelto en un entorno social y familiar que, en algún grado, reprocha su conducta.

        En realidad, exagerando los términos, un consumidor de drogas que no altere la convivencia ciudadana en absoluto, pese a sus altos grados de tolerancia o dependencia no es un drogadicto, en términos estrictos y desde un punto de vista social. La actriz alcohólica, el cantante cocainómano o el escritor fumador de cánnabis, que lo adquieren con su dinero lícitamente adquirido y lo que consumen sin alterar la paz social y familiar, muy rara vez son objeto de curación de su adicción (como ejemplo es conocido que una, ya fallecida, alta autoridad francesa era heroinómana y cocainómana, lo que para nada, empecía su alta responsabilidad y labor ministerial; o basta leer cualquier revista para apreciar este fenómeno entre pintores, cantantes, escritores…). Un ejemplo paradigmático; Sherlock Holmes es adicto al láudano, pero nadie pone en duda sus cualidades intelectuales y Watson no es adicto a sustancia alguna, pero no advierte lo que para su compañero resulta elemental. Así, nos resulta evidente que si el adicto se responsabilizase respecto a su comunidad, de sus deberes como conciudadano, en el caso del Mr. Holmes en alto grado, y familiar, seguramente el hecho que consuma o no consuma alguna droga pasará a segundo término.

Por eso resulta esencial que al drogadicto se le incentive la conciencia sobre su situación y que asuma así, si no su responsabilidad en el tratamiento, al menos el cumplimiento de los deberes sociales de los que es deudor y con ello, evidentemente, pese a conservar íntegra su adicción, mejorará notablemente su integración social e igualmente producirá un aumento en su autoestima y en su heteroestima (elementos estos que, siempre conjuntamente, casi nunca si se logran de modo aislado, pronosticarán un éxito en el abandono, momentáneo o definitivo de cualquier adicción, en los términos descritos).

 A partir de los tres factores, que ahora enumeraremos, pasamos a la definición del drogodependiente. Los tres aspectos anteriores se definen en:

a) la drogadicción es toda forma compulsiva de efectuar actos o ingerir substancias que satisfacen una necesidad, generalmente sobrevenida, en la personalidad del drogadicto.

b) La satisfacción de la necesidad adquirida y referida en el punto a) tiene que ser de carácter instantáneo o inmediato.

c) La conducta del drogodependiente ha de incidir en su comportamiento social o familiar, provocando un mayor o menor grado de rechazo.

  IIIº.- 1º.- 1º.- ELEMENTOS DEL CONCEPTO DE LA DROGADICCIÓN.

 Iniciamos este escrito con el análisis del concepto de droga, luego hemos examinado el concepto de drogadicto, ahora pasamos a examinar el propio y estricto concepto de la drogadicción. Si lo primero incidía en elementos objetivos, lo segundo en elementos tanto objetivos como subjetivos, ahora examinaremos la misma cuestión desde elementos estrictamente objetivos.

 Advertimos la frecuente y constante mutabilidad de los conceptos que intentaremos definir, ello se debe a que la fisiología humana, casi desconocida científicamente, es tan imprevisible como poco dogmática. Veamos los conceptos de tolerancia, adicción e integración social, en cierto grado de correlación con lo dicho anterior, al menos externamente.

 IIIº.- 1º.- 2º.- EL DROGODEPENDIENTE Y LA TOLERANCIA.

             La adicción a una droga no es un acto único y definitivo, tiene diferentes fases tanto en su origen como en su desarrollo. Es decir, siempre es un proceso evolutivo. El adicto se inicia con un consumo primero de la droga y, a continuación, si se reincide en ese primer consumo, con más o menos dilaciones en el tiempo, se pasa a ser tolerante a dicha sustancia. Éste es el primer paso y el primer concepto fundamental; la tolerancia; no hay drogadicto si no hay tolerancia. Y tolerancia es la capacidad que tiene cada cuerpo humano, como ser fisiológicamente diferenciado y variable, al consumo, obtención inmediata de respuesta placentera, asimilación y eliminación respecto a determinadas sustancias. En cierto modo este concepto es más esencial que el propio de la dependencia o adicción; véase, sino, el siguiente ejemplo; todos sabemos que somos, figuradamente, “dependientes” al agua o al aire; pero, no por eso, somos drogadictos, y es que agua y aire tienen un elemento común; que no generan tolerancia, al menos en grado apreciable. No nos confundamos; la diferencia entre agua y cocaína no está, evidentemente, en el efecto físico que puede causar la presencia o la ausencia de cada una de esas sustancias; recordemos que existe la muerte por ahogamiento y por deshidratación. En otras palabras; no existen drogas: existen dosis[12]. Ello se corrobora, por ejemplo, en el hecho de que 800 gramos de sal común producen una muerte más inmediata que 2 gramos de heroína, pero la sal común no generó, ni generaría nunca, la tolerancia que nos llevara al consumo de 800 gramos y por eso se hace inasumible por el organismo humano y causa la muerte, por el contrario, la heroína si que genera tolerancia al consumo de 2 o más gramos y entonces, el organismo puede ingerir esa sustancia sin causar un deterioro que llegue a la muerte, como hace la sal común.

 IIIº.- 1º.- 3º.- EL DROGODEPENDIENTE Y LA ADICCIÓN[13].

             Ya dijimos que el proceso de la drogadicción es evolutivo. Pues bien, después de la primera fase que hemos definido líneas arriba, la tolerancia, para configurar una drogadicción es precisa la concurrencia de un segundo factor; la dependencia o la adicción, que nace al tiempo o, mas normalmente, cuando ya se ha pasado la fase de la tolerancia.

             Mediante la adicción se produce en el cuerpo humano un proceso, mas o menos rápido, por el que la ausencia en el flujo sanguíneo o en las conexiones neuronales de ciertas sustancias le hacen sufrir un deterioro, mas o menos agudo, de su bienestar y de, incluso, su estado de salud, física o psíquica. Es lo que llamamos vulgarmente “síndrome de abstinencia” (véase nota 11), y que en cada droga tiene unas específicas connotaciones (véanse la nota final 19). Cuando se alcanza la adicción el adicto siente una difícilmente evitable compulsión por la obtención y consumo de “la droga”. Si bien, casi siempre, esta compulsión es de origen físico, siempre tiene alguna connotación psicológica, manifestada, ante todo, en cuadros de ansiedad. Esta compulsión, además, no es eliminada totalmente, por medio del consumo de otras sustancias (aunque, incluso, incidan en los mismos receptores neuronales) que sí que pueden aliviarla en gran medida. El drogodependiente busca, específicamente, una única droga, como una única solución al estado que se ha generado con su abstinencia. El tiempo de la adquisición de la adicción varía notablemente según la sustancia que se consuma. Los opiáceos son muy rápidos y el alcohol es mucho más lento.

           En este aspecto y con los conocimientos que tenemos del fenómeno de la drogadicción, superada la tolerancia y adquirida la adicción, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que la drogadicción es ya una enfermedad incurable. Siempre, el paradigma es el alcohólico, existe y existirá el recuerdo memorístico bien guardado que, inducirá al enfermo alcohólico a recaer en un consumo que, médicamente, parecía ya superado, en la misma forma de consumo y cuantía de gramos de alcohol cuando hay una recaída y este proceso de re-intoxicación y re-habituación no suele durar mas de 15 días en la patología alcohólica o 30 días respecto a la heroína, por poner dos ejemplo. Las drogas que no generan una tolerancia o una dependencia radical no concurren en el proceso descrito y, por ello, deberíamos de no considerarlas como estrictamente drogas. Otro factor interesante para analizar desde la doctrina es que “droga dura “y “droga blanda” bien se pueden diferenciar según las diferentes acciones relativas a la tolerancia y a la dependencia que generan y no en el deterioro físico, que muchas veces no es paralelo al consumo de la droga y que está íntimamente, ligados a las cualidades fisiológicas previas del que deviene drogadicto.

 Concluyamos en una apreciación poco utilizada respecto a la concepción y/o descripción de la tolerancia y de la dependencia y es que, es siempre común a ellos, que, cuando acontece una recaída en el consumo, aunque sea pasados varios lustros, la tolerancia actúa de una forma evidentemente mucho más rápida que la inicial y la adicción es casi coetánea con dicha tolerancia.

 IIIº.- 1º.- 4º.- EL DROGODEPENDIENTE Y LA CONDUCTA SOCIAL.

             Como ya se habrá advertido del análisis de los dos epígrafes anteriores ni la tolerancia, ni la dependencia son elementos estrictamente subjetivos ni estrictamente objetivos. El factor que ahora analizamos (ya lo vimos en el punto 4º) del epígrafe IIº.-  1º.); drogadicto y ámbito social es, esencialmente, subjetivo. Aunque no todos los tratados médicos los admiten, el entorno social o familiar juega un esencial papel en la adquisición de la condición de drogodependiente. Recordemos que en la altiplanicie colombiana, en el cercano Magreb, en la lejana China o en nuestro ambiente los consumos, respectivos, de cocaína, cannabis, opio o alcohol tienen una muy evidente significación, valoración y resultado diferenciado. Por citar un ejemplo de nuestro entorno afirmar; “Yo aguanto mucho” o “Yo tengo muy buen beber”, no son frases peyorativas, sino mas bien lo contrario, pero decir eso en Argelia, a 700 Km., es francamente vergonzante y digno de un duro reproche que por ejemplo llega a estar incardinado en el Código Penal; existe el delito de servir alcohol en determinadas circunstancias.

            Igual que decíamos que “No hay drogas, hay dosis”, en línea con Paracelso, ahora tenemos que decir “No hay drogadicto, hay cultura de la droga”. Y, desde este axioma, se da la paradoja de que si uno incardina, adecuadamente y sin causar alarma social alguna, su adicción dentro de la cultura correcta no sufre, o sufre muy limitadamente, cualquier reproche social que conllevaría su condición de persona adicta como lo haría en otros ámbitos culturales. Véase el ejemplo de los campesinos colombianos o peruanos, cuyo consumo, moderado y no químicamente alterado, de un estimulante del Sistema Nervioso Central será, posiblemente, aceptable, por la ciencia médica, si la altura y la consecuente falta de oxígeno respirable, hace que el mismo tienda a deprimirse. Al igual que en España se recetan benzodiacepinas ante cuadros, cada día mas frecuentes, de ansiedad o del llamado “stress” y que son inconcebible en el África Central, por ejemplo. Este tercer factor de la condición de drogodependiente no está suficientemente estudiado pero sí sobradamente acreditado. En nuestra sociedad, que importa y exporta todo tipo de drogas es axiomático, para nosotros, que quien consume una sustancia que altera su fisiología o su psicología, pero no incide, para nada, en su ámbito social o familiar, no suele ser considerado, por lo general, un drogadicto. En cambio, quien comete un nimio hurto de 10 euros para proporcionarse una botella de licor (droga admitida en nuestro entorno), es, irremediablemente, proscrito y socialmente inadaptado, y es poseedor de una conducta desestructurada, no porque la droga etílica sea prohibida, sino porque su conducta adictiva genera un evidente rechazo social, merecedor, al igual que veíamos antes, de un delito, que en España, resolvemos con el fácil expediente de recurrir a la aplicación de una circunstancia atenuante[14]. No es, pues, siempre la droga lo que lo hace al drogadicto, es la conducta culturalmente inasumible lo que le proporciona, en casi todas las ocasiones, tal característica

 IIIº.- 2º.- LAS CONSECUENCIAS DE ESTE CONCEPTO DE DROGODEPENDIENTE.

             Al circunscribir los conceptos de droga y de drogadicto a estos esquemas, poco flexibles, como veremos posteriormente tanto la medicina como el derecho, de manera conjunta o separada, sí que pueden frenar las alarmantes estadísticas transcritas al inicio.

 IIIº.- 2º.- 1º.- SÍNTESIS Y TRATAMIENTOS ALTERNATIVOS EN GENERAL.

             Primeramente debemos hacer hincapié en la discusión de si la causa de la enfermedad de la drogadicción es genética o ambiental. Nosotros nos inclinamos por un origen genético pero ello no trae mayores consecuencias al discernimiento y solución del problema. Más aún, cuando la ciencia no ha podido determinar en qué medida el medio influye en la modificación genética, ni tampoco, que gen y cuánto del gen es alterable. El dilema sigue planteado: el gen es el productor de la cultura o es la cultura la productora del gen. Debemos esperar lentos descubrimientos científicos para dilucidar muchos interrogantes que, por ahora, no pueden ser respondidos. Por ahora, recapitulemos lo dicho páginas atrás:

 1º) Son drogas:

a) Sustancias cuyo consumo produce una reacción fisiológica o mental.

b) Sustancia que tiene un mayor o menor grado de tolerancia.

c) Sustancia que genera una dependencia física, psíquica o psico-física.

d) Sustancia que genera un cierto deterioro de la salud.

            e) Sustancia cuyo abuso conlleva un mayor o menor rechazo social,

 2º) Son drogadictos o drogodependientes.

      a)      Los que con el consumo de una droga generan una tolerancia a la misma.

b)      Los que adquieren cierto grado de dependencia o adicción a esa droga.

c)      Los que son acreedores de un reproche social por su conducta adictiva.

 Pero, a todo ello, si que debemos añadir y discernir, muy brevemente, sobre un elemento siempre común a todas las drogadicciones. Nos referimos a lo que ya hemos apuntado anteriormente; resulta que solo provoca el “status” de droga aquella sustancia, o incluso actividad, cuya ingesta o realización provoca en el organismo humano, de modo inmediato una respuesta buscada por placentera. Repetimos; de modo inmediato; a ello se ha referido el epígrafe IIº.-, 1º.-, 2º.-. Aquí solo queremos plantear una hipótesis; ¿qué pasaría si se produjera, mediante su conjunción con otros medios químicos de “liberación retardada”, con la cocaína, que lográsemos que ésta produjese su efecto típico pasadas cuatro horas, por ejemplo? ¿y si un masivo consumo de bebidas alcohólicas solo se activara, en forma de embriaguez, transcurridas cinco horas? Pues, opino, que puede ser muy probable que, pese a que se ingiere cocaína, o alcohol, tal vez, no se genere, inicialmente, ni tolerancia ni dependencia y posteriormente, respecto al ya enfermo drogadicto, con esta “terapia alternativa”[15] se logre salvar la compulsión al consumo (que en el fondo es el núcleo esencial del problema del drogodependiente).

 De ello y a ello debe la química y la farmacología hablar y prestar mayor dedicación. Tal vez no fuera un intento inútil. En la misma línea, otra alternativa, que también podría no resultar vana, sería el de la elaboración de fármacos inhibitorios de los efectos de las drogas, antagónicos, en una palabra. Y un tercer intento, ya más ensayado, es el de los fármacos que actúan como repulsivos frente al consumo de la droga; sirva como ejemplo el disulfiram respecto al alcohol. Son tres proposiciones que, partiendo de un jurista, inexperto en medicina, solamente pretenden aportar, modestamente, ideas cuyo destino, más que probable, habrá de ser la papelera. Pero para el análisis de la problemática de la drogadicción, aquí y ahora, sería medios, métodos o terapias que, tal vez, impidan o limiten la aparición de los dos primeros elementos del concepto de drogadicto analizados folios atrás; la tolerancia y la dependencia.

 IIIº.- 2º.- 2º.- LAS EVITACIÓN DE LA TOLERANCIA.

             En nuestra cultura jurídica está firmemente asentado el criterio de que el consumo de drogas es impune, ello es correcto. Per, tal vez, se podría hacer una excepción de índole legal y de profunda repercusión en la génesis de la drogodependencia. Ello consistiría, simplemente, en considerar punible el consumo sobreelevado de una droga. Por ejemplo; sancionar el “delirio cocaínico”, que precise ingreso hospitalario como un conducta administrativa o penalmente perseguida, sea en base a los gastos sanitarios generados, sea por la alarma social que una descontrolada conducta causa. Ello conllevaría a cierta cautela del drogadicto en el momento de aumentar, consciente o inconcientemente, las dosis; es decir la tolerancia. No es una forma de sancionar conductas ajena y extraña al sistema español; léase el Código de la Circulación, por ejemplo

             También se podría establecer como punible la tenencia para su consumo limitado a 0,5 gr. de cocaína (no cocaína pura, claro está; cocaína “comercial”), con ello se dificultaría y se ralentizaría de modo, creo que muy efectivo, el avance del fenómeno de la tolerancia. Hoy en día, así, se impediría, el llamado “consumo compartido” o se obligaría al incipiente o al recalcitrante drogodependiente, so pena de sanción legal, a la continúa adquisición de su droga, que, dado que se hace en medios y con modos marginales, tal vez frenaría un gran número de consumos “innecesarios” o, en otras palabras, los no provocados por el síndrome de abstinencia. Casi idéntica a la anterior propuesta es una tercera posibilidad por la de que, legalmente, se agrave fuertemente la pena a quien proporciona una cantidad superior a los 0,25 gr. de la cocaína “comercial” a alguien, sea a título oneroso o gratuito. El hecho de que se tuvieran que repetir constantemente los actos de adquisición de la droga, por la misma lógica anterior, los disminuiría, o simplemente los dificultaría. Pensemos que, actualmente, la posesión de unos 3,5 gr. de cocaína, en Madrid, es, policialmente, impune; ello genera que el que contacta con su vendedor de drogas, aproveche para comprar una cantidad “para varios días” y lo que hace, sin embargo, es plantar una base bien abonada para que, muy rápidamente, se genere la tolerancia.

             También y con respecto al freno de la tolerancia, ya desde el punto de vista médico, podría ser útil, seguramente, limitar, frenar en un punto, mas bien, por parte del Doctor, inicialmente y por un tiempo prefijado, pero de forma inexorable, el consumo de la droga correspondiente, comprobándose mediante un análisis de orina periódico o sorpresivo, a una cantidad pactada entre médico y paciente y eludir proceder, como en la actualidad se hace, a su total abstinencia desde un inicio. Ello animaría a más de un enfermo a acudir a Centros Médicos de Desintoxicación y Deshabitualización, que ahora no lo hacen, o lo hacen con un elevado índice de deserciones, ante el temido “síndrome de abstinencia”, cuyo temor se desvanecería radicalmente si sabe que lo primero que va a pactar es la continuación en el consumo, controlado eso sí, de su droga. Lógicamente el especialista médico procedería, pasada esta primera fase de “consumo voluntariamente controlado” a la administración de fármacos, que el ya confiado paciente, admitiese como válidos para comenzar a eliminar su enfermedad.

 IIIº.- 2º.- 3º.- LAS EVITACIÓN O ELIMINACIÓN DE LA ADICCIÓN.

             Veíamos que, intrínsecamente, tolerancia y dependencia están unidas. Pues bien, a la vez que por alguna de las vías anteriores se podría frenar la tolerancia, lógicamente se estaría influyendo en la dependencia. La adicción, como tal, requiere múltiples tipologías de tratamiento, desde la psicológica, al internamiento, a la farmacológica… En esta cuestión solamente podemos, modestamente, añadir algo muy peligroso pero, quizás, de excepcional eficacia. Requerirá, siempre inexorablemente, un muy meditado análisis y de una extrema cautela.

            Está comprobado que el consumo de cocaína, por ejemplo, en muchos casos, inhibe el consumo de alcohol. Aquí la ciencia médica, la experimentación y la metódica estadística, son los medios que, tal vez, nos proporcionen la relativa certeza que se resume en que, trasladando las sensaciones placenteras de un receptor cerebral a otro (y luego a otro, si es el caso) se logre eliminar la que sí que era el inicial origen de la muy problemática adicción, trasladándola a otra adicción menos problemática. Por ejemplo; alcohol y benzodiacepinas comparten el mismo receptor cerebral. Pues bien, es muy probable, y acreditado en algún estudio y comprobado por muchas historias clínicas, que una vez “saciado” éste receptor cerebral, ya no busque, tal vez, la sustancia a la que es adicto. Esto una disquisición de un jurista inexperto en medicina y una muy arriesgada mera hipótesis de trabajo. La consecuencia de tal “traslado” de la adicción podría dar como resultado algo que es de todos conocido; que recuperar a alguien de una reciente adicción en mucho más fácil que hacerlo de otra ya muy asentada en el organismo enfermo.

             Otra clara posibilidad es la de configurar un Sistema Médico que lejos de cualquier valoración que no sea la estrictamente paliativa de un sufrimiento, y recuperadora de la salud del drogadicto[16] proporcione de forma inmediata, eficaz y anónima los fármacos necesarios para la desaparición del síndrome de abstinencia y otros relativos a la inducción del sueño, vigilado o no. Esto, creemos, que a corto plazo, sería la medida médica mas adecuada para limitar o paliar el problema de la adicción y, con él, el de la drogodependencia, mucho más que la actual filosofía de la publicidad y de la información. A este último respecto que el adicto que supera y “sale” de su conducta dependiente, provoca, en cadena, unas expectativas, en los drogodependientes de su ámbito, que tiene, muy frecuentemente efectos positivos en esos drogodependientes. Y, además, muchísimo mas efectiva, y ante todo en nada perjudicial que cualquier cuña publicitaria o anuncio y cartel con fotos de una “raya” o un “canuto” que, sin lugar a dudas, provocará una compulsión al consumo, no calculado, no meditado o simplemente negligentemente proporcionado (véase nota 18) por algunos responsables de la política anti-drogas.

 IIIº.- 2º.- 4º.- LA INTEGRACIÓN SOCIAL DEL ADICTO.

             Folios atrás, hemos dicho, en dos ocasiones, que la droga o el drogodependiente están íntimamente ligados al ámbito social o familiar en que se mueve el enfermo. En la práctica, tanto las campañas publicitarias como los tratamientos curativos incardinan esta terapia de reinserción social en un último término. Pues bien si, después, evidentemente de asumida por el paciente su condición de drogadicto y su necesidad de curación, se iniciara, desde un principio, mediante terapias familiares y sociales su integración en el medio correspondiente, tal vez, se lograra un significativo avance en los tiempos y en los índices de efectiva curación. Esto no es, por supuesto, ninguna aportación novedosa, pero valdría la pena incidir en la priorización de la reinserción como terapia, tal vez, mas efectiva, que la que actualmente se hace y que se caracteriza, normalmente, por su postergamiento o por su asunción por profesionales no suficientemente cualificados, que se encargan igualmente de la problemática de la geriatría, de la integración racial, del desamparo social…

 IIIº.- 2º.- 5º.- LA PREVENCIÓN, EL DIAGNÓSTICO Y EL TRATAMIENTO DE LA DROGADICCIÓN[17].

Respecto a al prevención resulta de alguna utilidad la realización de campañas informativas que avisen a la población sobre los riesgos de consumir drogas. Pero los resultados no son los deseados, excepto, probablemente, en el caso de la heroína. Estas campañas informativas tienen que ser realizadas por auténticos profesionales médicos y no por publicistas[18]. Más que las campañas publicitarias dirigidas a los posibles consumidores pueden ser más convenientes las campañas publicitarias, que ya existen, en las que se informe a los padres y docentes sobre el tema, para que éstos transmitan sus conocimientos a sus alumnos o hijos sobre el peligro que representa el uso de sustancias adictivas. Está demostrado que el esfuerzo combinado de padres de familia y profesores para dar información que prevenga el uso de drogas tiene mayor impacto en los hijos y estudiantes. Piénsese que mucha gente se inicia en el uso de drogas sin conocimiento alguno sobre ellas y sólo lo hace por no menospreciar la frecuente invitación a ello del que ya es adicto o está en vías de serlo.

Veamos ahora, desde una óptica más realista los medios y métodos en los que se basa el control y la curación del drogadicto. El diagnóstico, por lo general, se efectúa mediante;

a)      La observación de síntomas estandarizados.

b)      El análisis de la historia clínica.

c)      La revisión física del adicto realizada por un médico general, casi siempre.

d)     Los exámenes de detección de drogas.

Por lo que respecta al tratamiento de rehabilitación contra las adicciones ya hemos hablado suficientemente de ello Nos limitaremos a transcribir como nota a pie de página conceptos oficiales y públicos sobre el contenido de las terapias ordinarias de curación del enfermo toxicómano[19].

 IVº.- CONCLUSIONES.

             Primeramente tenemos que hacer la afirmación de que, aparentemente, no existen graves dislates entre el tratamiento jurídico y el médico del problema de la drogodependencia. Pero sólo aparentemente, repitamos un ejemplo ya citado; el consumo de drogas es impune en España, pero, curiosamente, la metodología médica del tratamiento de las adicciones lo viene a hacer punible, sin contemplarse fases o periodos intermedios, como el del “consumo controlado y pactado” que apuntábamos en el inicio de una terapia médica. Resulta así, que, en alguna ocasión, el drogodependiente, acuciado por el síndrome de abstinencia, no tiene otra posibilidad que la de, curiosamente, eludir el tratamiento médico, ya que sabe que allí no obtendrá nunca jamás la sustancia cuya carencia tanto le hace padecer. Y por el contrario, en la calle, no sólo la obtendrá fácilmente, sino que además, dicha obtención y consumo consecuente está permitido.

             Otra cuestión interesante y en la que el común quehacer de medicina y derecho podría tener una espectacular relevancia es que para la apreciación de la atenuante de drogadicción (véase nota 14) el toxicómano se hallara, en el momento del enjuiciamiento inmerso en un tratamiento rehabilitador o dado de alta de uno ya efectuado con posterioridad a la comisión del hecho delictivo al que se le pretende aplicar la atenuante referida. Ello supondría una mínima reforma legal y no es afectante a los derechos del ciudadano, dado que el tratamiento al que nos referimos no es obligado, solo es un requisito para que los Tribunales aprecien circunstancia atenuante.

             Finalmente, queremos indexar las siguientes soluciones, que nacerían, tal vez, de un mejor y más adecuado entendimiento entre médicos y jueces:

 A)    EN EL ÁMBITO LEGAL.

Adoptar medidas tales como sancionar

a)      el “coma etílico” o el “delirio cocaínico”, por ejemplo, que suponen unos gastos al erario público y que general, indudablemente cierto grado de alarma social,

b)      la posesión, para su consumo, de una cantidad superior a 0,5 gr. de cocaína “comercial” o su equivalente en otras drogas,

c)      la donación o venta de cantidades superiores a los 0,25 gr. de cocaína comercial,                no pura, o su equivalente en otras drogas, a fin de cohibir el “consumo compartido”,

d)     obligar, para la apreciación judicial de la eximente/atenuante de drogadicción que el que lo alega se halle incurso en un proceso de curación de su enfermedad.

 B)    EN EL ÁMBITO MÉDICO.

Adoptar criterios y protocolos tales como

a)      Utilizar, como terapia inicial, un pacto de “consumo controlado” entre médico y paciente.

b)      proporcionar de forma gratuita, libre y anónima, en cualquier centro de urgencias médicas, medicación, que se consumirá en presencia del Doctor, que eliminen o limiten los efectos de la abstinencia a una droga específica y que, si se requiere, induzcan el sueño, vigilado o no,

c)      proporcionar al enfermo adicto otras sustancias adictivas a fin de inhibir,     mediante esta “segunda adicción de origen médico”, legalmente amparada, el consumo de la droga a la que el enfermo es adicto[20].

 Para finalizar, solamente hacer hincapié en el que el problema actual de la drogodependencia es de tal calibre en nuestra sociedad, que no debemos de escatimar, para nada, ni ideas, ni terapias alternativas, ni acciones preventivas, ni acciones curativas.

 RAMÓN MACIÁ GÓMEZ
Magistrado Jubilado.

Mayo de 2.008
Publicado el 13-10-08.

 


[1] Dentro de este concepto debemos encuadrare la Morfina, la hidromorfina,  el opio y la heroína, además de sustancias farmacológicas como oxicodona y codeína integran este grupo de depresores del sistema nervioso. La reacción del organismo ante la abstinencia suele ser, en principio, respiración agitada acompañada de bostezos, lagrimeo, flujo nasal y sudoración; luego se presentan hiperactividad, sentido de alerta exacerbado, incremento del ritmo cardiaco, piloerección ("piel de gallina") y fiebre. Otras manifestaciones son pupilas dilatadas, temblores, escalofríos, dolor muscular, inapetencia, dolor abdominal y diarrea.

 [2] Anfetaminas. La adicción a estos estimulantes del sistema nervioso suele iniciar cuando se administraban, en la década de los 70/80 como medicamentos para bajar de peso, aunque, hoy, la metanfetamina y el MDMA o éxtasis han alcanzado amplia difusión en el mercado ilegal. Cuando se interrumpe bruscamente su consumo se generan cansancio y somnolencia extremos, si bien algunas personas se muestran intensamente ansiosas e inquietas. Los consumidores que estaban deprimidos al comenzar a usar las anfetaminas pueden incrementar su malestar cuando las dejan, al tiempo de que adoptan tendencias suicidas. También experimentan delirios y alucinaciones.

 [3] Cocaína.  las reacciones de abstinencia incluyen cansancio extremo, depresión y ansia de suicidio; en ocasiones hay alucinaciones.

[4] El cánnabis es una sustancia psicoactiva tomada del cáñamo que se suele consumir por vía respiratoria, en forma de cigarrillo, aunque también es posible su consumo por vía oral sazonando con cannabis. A sus flores (o cogollo) se les llama en la jerga marihuana, y en su forma resinosa se llama hachís. La marihuana o cáñamo se presenta en diferentes formas. La más conocida son las flores secas y enteras (los cogollos de las plantas femeninas). Existe también aceite de cánnabis, en inglés honey oil (‘aceite de miel’), que es un concentrado cuya extracción generalmente implica el uso de disolventes como el alcohol y filtrados con carbón activo, lo cual potencia los efectos, al estar más concentrada. Una variedad manufacturada de la marihuana es la resina, que se llama hachís (que en árabe significa ‘hierba seca´), que se obtiene mediante la extracción de los tricomas, normalmente secada y cortada en bloques de color marrón bastante oscuro y levemente verdoso y del que también existe una variedad líquida o hash oil (‘aceite de hachís’).

[5] Alcohol. El síndrome de abstinencia en bebedores relativamente moderados comienza de 12 a 24 horas después de haber dejado de beber, y sus síntomas son: temblor, debilidad, escalofríos, dolor de cabeza, deshidratación y náuseas. También es común el deseo de volver a ingerir esta sustancia. En grandes bebedores, además de lo anterior, puede producirse un evento más grave, llamado delirium tremens, que ocurre entre 2 y 10 días después de dejar de ingerir alcohol y que puede ser mortal. En principio, el paciente se muestra ansioso, desorientado, con pesadillas, sudoración excesiva, alteraciones en el tacto y depresión profunda; en ocasiones el pulso se acelera, hay fiebre, convulsiones (epilepsia alcohólica) y alucinaciones. También parece que el suelo se mueve, la cama gira o las paredes caen. Si hay deficiencia de vitaminas llegan a presentarse, después del delirium tremens, el síndrome de Korsakoff, en el que se pierde la memoria de acontecimientos recientes, y encefalopatía de Wernicke, que genera movimientos anormales de ojos y extremidades, confusión y cambios de carácter.

[6] En España existen diversas regulaciones de ámbito autonómico que restringen los horarios de venta y los espacios de consumo de alcohol, conocidas genéricamente como ley antibotellón, y cuyo objetivo es reducir el daño causado por el alcohol entre los jóvenes. El alcohol es considerado lícito en todo el territorio español, por lo que estas leyes, dependiendo de la Comunidad Autónoma, actúan de dos maneras: 1º.- Prohibiendo la venta de bebidas alcohólicas en supermercados, tiendas 24 horas y otros comercios similares a partir de las 22h. Esta norma disminuye la disponibilidad de alcohol a bajo precio durante la noche… …2º.- Prohibiendo el consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública, excepto en las terrazas autorizadas de bares o restaurantes, y en unas pocas ciudades en lugares habilitados para ello por el Ayuntamiento, conocidos como "botellódromos"…”.

 [7] El 1 de enero de 2006 entra en vigor la Ley 28/2005, de 26 de diciembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco (B.O.E: del 27), que establece una serie de medidas dirigidas a bares, restaurantes y locales de ocio.

 [8] El elemento activo del tabaco es la Nicotina. Por regla general, cuanto más tiempo y más cigarrillos haya fumado una persona, mucho mayor será la probabilidad de que presente síntomas al abandonar el consumo de tabaco; los más comunes son: deseo irrefrenable de fumar, tensión, irritabilidad, dolor de cabeza, dificultad para concentrarse, somnolencia o insomnio y aumento del apetito y de peso.

 [9] El Pleno del Congreso de los Diputados ha aprobado 29 de junio de 2006 la Ley de Garantías y Uso Racional de Medicamentos y Productos Sanitarios, que permite finalmente la venta de fármacos que no necesiten receta a través de Internet, aunque deban ser dispensados por farmacéuticos. Además, se impide a los enfermeros y podólogos la posibilidad de "autorizar" e intervenir en la prescripción de los medicamentos.

 [10] Publicada en el BOE 178 de 27 de julio de 2.006, páginas 28.122 a 28.165

[11] El síndrome de abstinencia es el conjunto de reacciones físicas o corporales que ocurren cuando una persona con adicción a una sustancia deja de consumirla. En términos generales, las sustancias adictivas poseen compuestos semejantes a los neurotransmisores (compuestos químicos empleados por las neuronas para comunicarse entre sí) encargados de desencadenar la actividad de los centros cerebrales de recompensa o placer, los cuales permiten la expresión de emociones gratificantes como entusiasmo, alegría y serenidad.

[12] Paracelso decía en 1500 que todas las sustancias son venenos. Para él, la diferencia entre un veneno y un medicamento era la dosis, es decir que un medicamento administrado en dosis excesivas y durante un tiempo inadecuado se convierte en un factor perjudicial que puede llevar a la muerte de la persona. El autor asume esta concepción.

 [13] A mitad del fenómeno de la tolerancia y de la dependencia, que ahora mismo pasamos a tratar, debemos de hacer hincapié en que resulta, también evidente, que algunas personas han probado algún tipo de droga en alguna o algunas veces y no vuelven a consumirla. Así se ven casos frecuentes de personas que hacen uso de la droga por una, dos, tres, diez… ocasiones y, en el momento que lo desean, dejan de consumir sin tener el menor reparo, inconveniente o “síndrome de abstinencia”. Se sabe de personas que durante un año o más han consumido sustancias psicoactivas y las dejan sin ningún tratamiento, sólo por decisión propia. El porqué, la razón de que estas personas dejaron de consumir definitivamente no es muy claro, pero lo cierto es que lo advertimos en la práctica diaria. Otras personas demuestran que pueden abstenerse de consumir en los días laborables para ser, el fin de semana, el momento exclusivo para consumir. Su forma selectiva de consumir no es muy comprensible hasta ahora. Estas personas rompen el concepto de drogadicto porque muestran que superan fácilmente los conceptos de tolerancia y el de la adicción o compulsión a la repetición en el consumo o en el acto adictivo. Esta categoría es aquella que podemos denominar consumidores no dependientes. Este fenómeno, comprobado por la práctica médica, se encuentra en el camino intermedio que une tolerancia y dependencia.

 [14] Artículo 21 del Código Penal. Son circunstancias atenuantes:… …1ª) Las causas expresadas en el capítulo anterior, cuando no concurrieren todos los requisitos necesarios para eximir de responsabilidad en sus respectivos casos… …2ª) La de actuar el culpable a causa de su grave adicción a las sustancias mencionadas en el número 2º del artículo anterior… …3ª) La de obrar por causas o estímulos tan poderosos que hayan producido arrebato, obcecación u otro estado pasional de entidad semejante…”.

 [15] Que consistiría, básicamente, en proporcionar al enfermo la sustancia deseada por el, pero no en el tiempo buscado, solamente en eso.

 [16] El drogodependiente tiene una salud, cosa que, ciertamente, se olvida. Y esa SALUD, protegida por el artículo 10 de la Ley General de Sanidad, requiere muy frecuentemente la administración de psicofármacos o drogas ilegales, que restituyan su bienestar, que ha perdido como consecuencia de un síndrome de abstinencia.

 [17] Véase, en Internet http://www.saludymedicinas.com.mx

 [18] Recientemente, existió una campaña de prevención de la drogadicción en la que aparecían fotografiadas “rayas” de cocaína o cigarrillos de “cannabis”. Ello, con seguridad, para el que ya es adicto, produce un efecto de recuerdo que se traduce en una compulsión al inmediato consumo y para el que no es adicto no tiene ningún significado clarificador, por ejemplo. En la práctica, creemos, un resultado inverso al buscado.

[19] Alcohol. Una de las primeras complicaciones en ser tratadas es la deficiencia nutricional, por lo que es común la administración de complejos vitamínicos ricos en vitamina C y tiamina (B1); también se combate la deshidratación con soluciones intravenosas de magnesio y glucosa. Por otra parte, se suele prescribir un fármaco benzodiacepínico durante algunos días para calmar la agitación, y en caso de que el paciente sufra alucinaciones se darán antipsicóticos. Todas estas medidas son más agresivas en caso de delirium tremens, aunque también se requiere el empleo de analgésicos que ayuden a fiebre y dolores de cabeza. Una vez que se ha superado la fase crítica del problema, se requiere la supresión del alcohol por completo. Debido a que es prácticamente imposible que el paciente lo logre por cuenta propia, es necesario que cuente con ayuda psicológica y apoyo de sus familiares, sin olvidar la importancia de recibir asesoría individual por parte del médico (a veces prescribirá algunos medicamentos que le ayuden a prevenir recaídas, sin olvidar que probablemente requerirá atención especial debido a problemas hepáticos o en los riñones). Es de mucha utilidad que se integre a terapias grupales como las que brinda Alcohólicos Anónimos. Heroína y opiáceos. La sustitución de estas sustancias por metadona es el principal procedimiento para superar la abstinencia; de hecho, este fármaco es también un narcótico, pero genera alteraciones menores, se toma con menos frecuencia y puede disminuirse la dosis poco a poco. Asimismo, la naltrexona es útil para la recuperación en caso de dependencia a la heroína, ya que bloquea los efectos de esta droga incluso en dosis intravenosas importantes. Los grupos de ayuda o la terapia psicológica son también de gran utilidad. Ansiolóticos e hipnóticos. Incluso aplicando el mejor tratamiento, una persona puede tardar un mes o más en sentirse normal. Frecuentemente, los médicos tratan la abstinencia volviendo a administrar el fármaco causante, sólo que en dosis inferior y disminuyéndola progresivamente a lo largo de días o semanas. Cocaína. El tratamiento exige supervisión de cerca porque la persona puede volverse depresiva y con tendencias suicidas; por ello, muchas veces se recomienda su ingreso a un hospital o centro de rehabilitación. El método más eficaz consiste en combinar asesoramiento médico y psicoterapia personalizada o en grupo, además de que en caso de que se presenten depresión o trastorno bipolar se deben administrar antidepresivos o litio, respectivamente.

[20] Esto merece un muy prudente estudio médico y legal previo y puede provocar que el camino que conduce al Centro Penitenciario y el que va al que, cada 10 de diciembre, se celebra en Estocolmo, en cumplimiento del testamento de D. Alfred Nobel, que, curiosamente, en lo referente, a descubrimientos o métodos de evidente peligro, inventó la dinamita, muy útil en la minería…

 

 

 

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