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EL CONCEPTO DE “DEPENDENCIA” APLICADO A LAS PERSONAS MAYORES.

 Iº.- INTRODUCCIÓN.

En el presente texto se va a pretender, exclusivamente, separar y deslindar que la Persona Mayor no tiene que ser, ni lo es, en multitud de ocasiones, una Persona Dependiente y que, sin embargo, desde la actual cultura social parece imponerse no sólo la conexión sino también la indisolubilidad de ambos términos. Ello nace ya desde un sistema lingüístico nada apropiado.

En efecto, según cualquier Diccionario al uso el término “dependencia” tiene muy diversos significados, entre ellos, por ejemplo;

a)     Subordinación a un poder mayor.

b)    Relación de origen o conexión supeditada.

c)     Sección o colectividad subordinada a un poder.

d)    Oficina pública o privada, dependiente de otra superior.

e)     En un comercio, conjunto de personas subordinadas a un director.

f)      Cada habitación o espacio dedicados a los servicios de una casa.

g)     Situación de una persona que no puede valerse por sí misma.

h)    Necesidad compulsiva de alguna sustancia, como alcohol, tabaco, drogas o estupefacientes.

Esta exagerada versatilidad, extremado criterio multívoco e, incluso, indiscriminada utilización de la palabra “dependencia” hace que resulte evidente que a las Personas Mayores se tienda a confundirlas con “dependientes” cuando resulta claro y evidente que tan sólo respecto a la acepción g) de las expuestas existe cierta coherencia con la muy indirecta referencia que este término hace a la Persona Mayor. Ello colaborará con que se generen múltiples y confusas deducciones y falsas creencias. En estas líneas vamos a tratar de delimitar el concreto significado social, médico y jurídico del término “dependiente” o “persona dependiente” y dejar bien claro que no tiene razón alguna para confundirse con la situación propia de cualquier Persona Mayor.

Cualquiera puede entender que el recién nacido, e incluso el que todavía no alcanza la mayoría de edad, mantiene un vínculo de dependencia con sus progenitores o cuidadores. Hay aptitudes, obligaciones y Derechos que se adquieren a determinadas edades, por ejemplo el de testar, el del sufragio o el de casarse… Ocurre que el ser humano no nace con todas sus facultades desarrolladas y efectivamente dispuestas para su ejecución.

También puede ocurrir que determinadas circunstancias provisionales, perentorias o temporales privan a la persona de éste mismo ejercicio, como puede ser una intoxicación etílica en el momento de conducir un vehículo de motor teniendo el permiso correspondiente o la dependencia de una droga tóxica en el momento de disponer, compulsivamente, de sus bienes, mediante una forzada y leonina venta, por ejemplo.

No cuesta nada pensar que la edad también, cuando actúa no por defecto sino por exceso, también limita o menoscaba las aptitudes de la Persona. En este caso nos encontramos con una muy habitual “degradación en el ejercicio” de los Derechos de las Personas Mayores. Sin que ello los haga mas que puntualmente dependientes, como ocurría en los ejemplos citados anteriormente.

El “problema” que se pretende resituar está en que muchos llegan a concebir como una verdad de escasas excepciones que “Persona Mayor” es “Persona Dependiente”; para ello aportaremos criterios científicos y usuales para desvirtuar o trastornar la que es, tan a menudo, una falsa apreciación.

 

IIº.- LA PERSONA COMO SER INDEPENDIENTE.

En todo Sistema Jurídico moderno se entiende que la Persona es independiente y siempre mantiene íntegras su Capacidad Jurídica y su Capacidad de Obrar y que, sólo por excepción la segunda de estas capacidades puede ver limitada temporalmente. En el Derecho Español estas limitaciones de la independencia, como sinónimo de Capacidad de toda persona se concretan, hablando en términos imprecisos pero clarificadores, a:

1º.- LA EDAD. La edad es el fundamental factor jurídico que determina la posesión de la capacidad de obrar en su integridad. Una vez alcanzada la mayoría de edad, toda persona deviene plenamente con capacidad de obrar, entendiéndose por tal la aptitud para llevar a cabo todo tipo de actos, negocios o contratos con eficacia jurídica. Pero también, como hemos adelantado, existe una clara influencia entre edad, ya no por inferior sino por superior. En efecto, ciertos aspectos del desarrollo del individuo, al avanzar por la etapa final de su camino por la vida, se han tomar en cuenta, cuando una persona pueda ser o bien internada en un Centro Geriátrico o bien declarada incapaz, en un futuro cercano u otras opciones mas livianas que se suelen referir a:

a)           la gestión del cuidado general como, por ejemplo, los tratamientos médicos, las pautas de conducta o las dietas alimenticias.

b)            la comisión por un tercero de particulares asuntos financieros en nombre y representación de dicha Persona Mayor,

c)            la protección de un patrimonio personal ya que, con el paso de los años, es frecuente cierto deterioro de las facultades administrativas y

d)            la previsión en la distribución de los bienes de la Persona Mayor para después de su fallecimiento; es decir, todo lo relativo al respeto de sus disposiciones testamentarias.

2º.- LA INCAPACIDAD. El Código Civil, dice que es “incapaz” aquella Persona que, por diversas y regladas circunstancias, carece de las posibilidades para su propio autogobierno debido siempre a circunstancias excepcionales y siempre y cuando ello venga determinado por una Sentencia Judicial, tras el proceso correspondiente. En el sentido amplio del concepto son causas de incapacitación tanto las enfermedades como las deficiencias persistentes de carácter físico o psíquico que impidan a la persona gobernarse por sí misma.

La incapacitación está regulada en el Código Civil, -artículos 199 al 214, y lo que se viene a resolver en ellos es, primeramente, las relativas a la del cuándo, la de por quién debe ser promovida y, también a las causas o motivaciones que han de determinar la incapacitación. En un segundo lugar regulan todo lo relativo al trato personal y ético que se ha de dispensar a la persona incapacitada, a la protección de sus derechos e intereses y, finalmente, a las circunstancias, medios personales y materiales que han de intervenir en la defensa de los derechos del incapacitado.

Como ya hemos adelantado, debe de quedar absolutamente claro que la incapacidad de la persona de edad avanzada nunca se podrá presumir y solamente existe cuando así lo determina expresamente la oportuna Sentencia Judicial de Incapacitación, resultado del procedimiento incoado al efecto, el cual sólo lo podrán iniciar el cónyuge o los descendientes, en segundo lugar los hermanos u otros familiares más lejanos del presunto incapaz y, finalmente, en su caso, el Ministerio Fiscal.

Por lo que hemos visto, el Sistema Legal Español solventa todas estas posibles situaciones, y las similares, de una manera cuasi-unitaria; la incapacitación. Sin embargo, recientemente, se ha incluido el concepto de dependencia, en nuestro sistema legal, mediante la conocida como Ley de Dependencia, (aprobada en diciembre de 2006) que se refiere a todos los ciudadanos que no pueden valerse por sí mismos por encontrarse en determinadas situaciones próximas a la incapacidad y les protege otorgándoles los derechos y privilegios legales que se configuran dentro del “Sistema de Autonomía y Atención a la Dependencia”.

Tal vez, mas que aclarar las cosas respecto a los Mayores, la situación se ha vuelto mas confusa, ambigua e indeterminada. Por lo que a nosotros respecta, dejaremos de lado la Ley de la Dependencia pues el mensaje que aquí se pretende transmitir  es el de la desconexión, a priori, de los términos y de los conceptos de Vejez y Dependencia.

 

IIIº.- EL CONCEPTO DE LA DEPENDENCIA.

Queda claro que la dependencia y la incapacidad no son conceptos inexorablemente ligados en el derecho o en la práctica española, y que están entrometidas y confundidas de modo algo equívoco, al menos sociológica y terminológicamente. Un ejemplo; si alguien manifiesta que su abuelo cumple ochenta años, casi todos supondremos que el mismo es una carga para la buena convivencia, los deberes y la armonía familiar… ¿O no?  

Muy escuetamente, desde un punto de vista médico-jurídico, solamente cabe entender por persona dependiente la que presente alguno o algunos de estos deterioros, menoscabos o patologías que, de forma efectiva, vengan a limitar la autonomía de su voluntad y provoquen la necesidad de ayudas externa para ejecutar ciertos actos cotidianos. Concretamente nos referimos a;

a)     Problemas por déficit o insuficiencia orgánica, debilidad muscular.

b)    Afecciones crónicas y situaciones de estrés.

c)     Problemas originados por malnutrición, anemias, carencia o limitación de habilidades físicas.

d)    Problemas derivados de la sobrecarga del organismo: obesidad, hipertensión, problemas hepáticos.

e)     Problemas que aparecen a consecuencia de los déficits: incontinencia fecal o urinaria.

f)      Limitaciones derivadas de enfermedades degenerativas.

g)     Problemas originados por déficits de movilidad.

h)    Problemas originados por el insomnio o la  disnea.

i)       Problemas originados por ansiedad.

j)       Limitaciones psíquicas, depresión y falta de estímulos o expectativas.

k)    Problemas asociados a úlceras, infecciones, traumatismos, dermatitis, callosidades, uñas encarnadas, entre otros.

l)       Insuficiente calor ambiental, cambios bruscos de temperatura, ingestión o hidratación insuficiente.

m)  Problemas relacionados con un excesivo calor ambiental, utilización de vestidos inadecuados, ingestión e hidratación excesiva o exagerada exposición al frío o al calor.

n)    Problemas originados por desequilibrios físicos o psíquicos, agresiones ambientales, pobreza y polución.

o)    Problemas originados infecciones, dolor o incoordinación motriz.

p)    Incomunicación causada por deterioros sensoriales.

q)    Uso de fármacos hipnóticos y antidepresivos, ansiedad, estrés y sentimiento de culpa.

r)      Desequilibrio psíquico, crisis, situaciones de pérdida de memoria, conflictos de autoestima, sentimientos de culpabilidad, falta de motivación.

s)     Enfermedades invalidantes, demencias, frustraciones, ansiedad o vulnerabilidad a enfermedades.

t)      Inespecífica carencia de motivación, depresión, baja heteroestima, soledad, aislamiento y situaciones de perdida.

u)    Problemas de desorientación, demencias, tumores, problemas sensoriales, traumatismos y estrés.

v)    Falta  de interés debilidad psicomotriz y disminución de la capacidad de aprendizaje.

 

IVº.- EL CONCEPTO DE PERSONA DEPENDIENTE SEGÚN LA ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD.

Para la Organización Mundial de la Salud, desde un punto de vista y con un criterio sumamente acertado, la dependencia es la efectiva interconexión y vinculación entre una previa “fragilización”, “menoscabo” o “deterioro” que se entiende como el producto final de alguna o algunas de las carencias o deficiencias antes señalada a lo hay que unir, inexcusablemente, un “factor desencadenante” que se traduce en una alteración álgida del “status quo” físico, mental, familiar, ambiental o social repentino pero mantenido temporalmente, que se hallaba sometido a la mencionada “fragilización”.

Desde este innovador punto de vista, las consecuencias de la dependencia referidas a la Persona Mayor se suelen traducir en alguna de estas repercusiones;

1º cambio inesperado y normalmente impuesto del modus vivendi,

2º situación imprevista de aislamiento familiar o social,

3º carencia de un domicilio estable,

4º presencia o agudización de sentimientos de depresión o de angustia vital o culpabilidad,

5º pérdida, aminoramiento o inversión de la autoridad,

6º aparición inexplicable de auto-exigencia sobre-elevada,

7º generación o agudización de conflictos o maltratos dentro de los ámbitos personal, familiar o social de la Persona Mayor.

La concepción de la “persona dependiente” que hace la OMS nos parece muy adecuada, útil y clarificadora, ya que incluye, limitativamente, a determinadas personas y, en general, excluye a cualquiera que, simplemente, necesite una ayuda temporal o puntual de un tercero para la solventación de una “fragilidad” o “menoscabo” de las aptitudes que conlleva el paso del tiempo sobre la persona. Sería muy conveniente que el Derecho, y mucho mas el lenguaje, español adoptara este criterio de confluencia de dos factores para entender la dependencia y, sobre todo, asociarla a la Tercera Edad.

 

Vº.- UN CONCEPTO CONCISO Y UNIVERSALMENTE VÁLIDO DE LA “PERSONA MAYOR DEPENDIENTE”.

Como hemos visto, la clave de la definición de la “dependencia” radica en el concepto, específico y sistematizado, de la “fragilidad” y no en aspectos subjetivos, familiares, terminológicos, ambientales o sociológicos; por eso nosotros vamos a concretar la “fragilidad” en los parámetros que exteriorizan la probabilidad de una necesidad de ayuda que se deriva, exclusivamente, de la propia fragilidad, que no es nada ni extemporáneo, ni extraordinario ni asombroso, sino sólo el resultado mas que lógico del paso de los años. Así, las “Personas Mayores Frágiles” se definen, genéricamente, según la incidencia de concretos factores, como son:

1º El deterioro físico o psíquico causado por su avanzada edad,

2º La posible dependencia, de un tercero, de forma mas o menos habitual, en relación a determinadas actividades ordinarias de la vida cotidiana

Es decir, resultar posible sujeto pasivo de alguna o varias patologías o deterioros ya mencionados.

Sin embargo, no nos confundamos, ya que “dependencia” no es “fragilidad” porque,

a)     No todas las personas frágiles son dependientes y

b)    No todos los dependientes son frágiles.

Aunque, sin embargo, no cabe duda alguna, que ambos conceptos están muy estrechamente ligados.

Se entiende, generalmente, y este es el centro de la cuestión, que existe fragilidad cuando inciden algunos de los elementos fácticos siguientes:

a)      edad próxima a los 75 años,

b)    bipedestación, deambulación y marcha reducidas.

c)     depresión y uso terapéutico inexcusable de sedantes y

d)    disminución de la fuerza muscular.

Desde otra óptica, de forma mucho más meticulosa, existen otros criterios diagnósticos que indican “fragilidad” y que son, comúnmente admitidos, veamos;

a)                               Vulnerabilidad acentuada frente al mundo circundante.

b)                              Respuesta deficiente ante la ansiedad, la angustia o el "stress".

c)                                Funciones de integración menoscabadas o limitadas.

d)                              Disminución de la rapidez y la claridad de las respuestas.

e)                                Disfunción orgánica sobrevenida.

 

Vº.- CONCLUSIÓN.

No nos cabe duda alguna que en el lenguaje español actual se ha consolidado el término “dependiente” como concepto general, expansivo y ambiguo que incluye a cualquiera que, por cualquier circunstancia, venga a necesitar del auxilio o de la ayuda de un tercero. Además de tener cierta connotación peyorativa y un carácter minusvalorativo, resulta, simplemente, poco útil y clarificador y, por ello, hay que resituar el término “dependiente” o “persona dependiente” en su lugar, en el sentido de que el abuso del término ha acabado por crear la falsa e injustificada sensación de que toda persona mayor es una persona dependiente; y esto no es así ya que solamente lo será cuando incurra en las circunstancias o en los parámetros últimamente citados.

La Persona Mayor no es Dependiente, per se; ni es así ni lo será nunca. Las palabras son solo representaciones de la realidad y ésta nos demuestra, muy sobradamente, que infinidad de “personas mayores”, aunque necesiten de cierta ayuda, auxilio concreto control y cuidado no son, por ello, dependientes; es decir carentes de independencia. La edad no priva de la libertad, de la personalidad o de la dignidad, valores entre los que siempre se entrecruza el concepto de independencia; mantener lo contrario es, simplemente, despojar ilegítimamente a una persona de edad avanzado de sus más fundamentales derechos, lo cual viene vetado por la Ética, la Medicina y la Ley.

 

RAMÓN MACIÁ GÓMEZ

Magistrado Jubilado

Publicado el 12 de mayo de 2013

ramonmacia@ramonmacia.com

www.ramonmacia.com 

 

 

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