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LA LONGEVIDAD DESDE UNA ÓPTICA LEGAL.

…para Elisa…

 

Iº.- INTRODUCCIÓN.

En términos genéricos, no cabe duda alguna de que existen nociones intrínsecamente muy poco definibles con la adecuada unanimidad; así, cuando hablamos de “verdad”, “belleza”, “dolor” y un largo etcétera de conceptos, su expresión verbal queda situada mas en lo subjetivo y personal que en lo objetivo y cuantificable, por ello mas vale pronunciarse de forma cautelosa sobre tales nociones, huyendo de una rotunda consideración unívoca.

Tal es el caso del concepto “vida” que, en estas páginas, será tratado en el epígrafe siguiente, aunque, podemos adelantar que, para nosotros, desde la mas estricta óptica legal, nos vamos a conformar en que la vida y la muerte se acreditan por las Inscripciones o anotaciones del Registro Civil correspondiente (artículo 326 del Código Civil).

Lo que si que nos va a interesar es que la “vida”, sea cual sea su definición, puede ser examinada en diferentes fases o periodos ya que, consustancialmente, se constituye como una progresión, una permanente evolución de cada uno de los seres vivos humanos o de otra índole. En concreto vamos a situar nuestro discurso en la mal llamada vejez o tercera edad y que, en realidad, no es mas que una postrera etapa vital que se confunde en el concepto de la longevidad.

Aquí va a interesar las diferentes regulaciones o disposiciones legales que el Ordenamiento Jurídico hace con respecto a la vida humana. Y, a modo de ejemplo, recodemos que los artículos 29 y 30 del Código Civil disponen respectivamente que; “…el nacimiento determina la personalidad; pero el concebido se tiene por nacido para todos los efectos que le sean favorables, siempre que nazca con las condiciones que expresa el artículo siguiente…” y, seguidamente, dispone que; “…para los efectos civiles, sólo se reputará nacido el feto que tuviera figura humana y viviere veinticuatro horas enteramente desprendido del seno materno…”. Por “muerte” entenderemos la extinción del proceso funcional y operativo del ser humano vivo y, en consecuencia, el final de su particular ciclo vital, acreditado por la medicina, la medicina legal o la medicina forense, que se constatará con la firma del llamado “parte de defunción”.

 

IIº.- EL CONCEPTO DE “VIDA”.

Biológicamente vida es toda organización de la naturaleza identificable en específicos, relacionados, necesarios y repetidos procesos físicos y/o químicos con los que se puede sustentar, de forma habitual y catalogable, una estructura capaz de evolucionar, reproducirse y desaparecer, tras un periodo de tiempo.

Pese a lo dicho líneas arriba, sí que vamos a proceder a exponer diferenciadas, incluso contradictorias, nociones de la expresión “vida”, que se podrían sintetizar, entre otras muchas, con las ocho que, seguidamente y de forma telegráfica, exponemos.

1º.- Vida como “vida orgánica” (vegetal, animal); es la vida tal como la estudia la Biología.

2º.- Vida en su concepción de “vida espiritual”; la vida divina, como, por ejemplo, vida eterna.

 3º.- La “vida humana”, como vida tanto física como moral referenciada a diferentes valores orgánicos y éticos.

4º.- Muchas veces, cuando hablamos de vida humana, resulta patente que se trata de una “vida en sociedad”, referida a la comunidad estable en que la misma se desarrolla.

5º.- Como definición que no quiere ser metafísica podemos recurrir a su proceso continuado y por etapas; entendiendo, entonces que la vida es, siempre, un “proyecto evolutivo de futuro” al tiempo que un englomerado de recuerdos o conductas que vincularán, en mayor o menor grado, al propio proyecto, siempre cambiante.

6º.- Vida en el sentido de la “vida propia” de un concreto organismo o sujeto; resultante la suma de los patrones de la vida social y personal que operan sobre cada ser vivo en particular.

7º.- Vida en el sentido de la que desarrolla la “persona pública”, que tan solo apreciará su configuración en el tejido de las grandes ordenaciones sociales de un colectivo o de la humanidad, mientras que,

8º.- La “persona privada” va a hallar su esencia y el sentido de su Personalidad y Dignidad (como conjunto de valores propios e intransferibles) en el contexto de cada persona individualizada, aún dentro de un entorno colectivo.

Visto lo disperso de los ocho ejemplos anteriores de definiciones del concepto “vida”, insistimos en que para este texto nos inclinamos solo en el espacio de tiempo que transcurre entre la Inscripción Registral Legal del nacimiento y la de la muerte. Pero antes de entrar en el ámbito legal en general y, particularmente en el referente al de las Personas Mayores, estudiemos otro concepto mucho más genérico y amplio; las etapas de la vida.

 

IIIº.- LAS ETAPAS DE LA VIDA.

Concluido ya nuestro intento de definición del noción de vida resulta evidente que durante la misma el cuerpo que la soporta va a sufrir unos cambios en órganos y sistemas con una cierta homogeneidad y, en efecto, sin duda alguna, si resultó difícil definir la vida es muy fácil distinguir las diferentes fases de la misma. A tal respecto, siguiendo criterios mas popularizados que científicos podemos diferenciar entre;

1º.- La vida no independiente; propia del recién nacido y que se limita a unos 2 o 3 años.

2º.- La infancia; desde los 4 a los 12 años.

3º.- La pubertad; entre los 12 y los 20 años, cuando se termina de configurar el “lóbulo frontal” del cerebro y, luego, viene

4º.- La juventud de los 21 a 25 años, después entramos en

5º.- La vida adulta; en la que podemos diferenciar entre:

a) La vida adulta temprana: de los 25 a los 40 años.

b) La vida adulta media: de los 40 a los 55 años.

c) La vida adulta tardía, entre los 55 y 65 años.

6º.- La ancianidad que, es la que aquí nos interesa, y que, internacionalmente y desde 1984, se convino en que comenzaba a los 65 años, con la jubilación laboral.

Respecto a la “ancianidad” hay que recalcar que, en la Sociedad Occidental moderna, nuestra expectativa de vida ha aumentado significativamente en las últimas décadas y este hecho ha acrecentado el problema de los efectos colectivos del envejecimiento de las sociedades o comunidades humanas. Esta duración nos lleva al concepto, actualmente, muy poco definido, de la “longevidad”, cuyos efectos, consecuencias y valoración se hace de forma muy genérica y, creemos, poco adecuada pero, ante todo, sin una previsión, regulación o estructura legal tal y como, por el contrario, si que ocurre en las otras etapas de la vida.

Inicialmente podemos definir la longevidad como el trascurso del tiempo durante el que se desarrolla la ancianidad y si el primer concepto es de índole sociológico el segundo es el ámbito individual. Y es que si la pubertad o la vida adulta media tienen unos años, un término, científicamente establecido, la ancianidad carece del mismo ya que puede concurrir con el factor de la longevidad. Simplificando las cosas la longevidad puede ser definida como la etapa de la vida humana anciana que supera la estadística propia de su entorno, unos 66 años en 2005, y el concepto, pese a su inconcreción, ha existido a lo largo de la Historia; recordemos que en la Biblia, Génesis 5; 27, se dice “…los días de Matusalén fueron novecientos sesenta y nueve años…” y actualmente la planta denominada “Lomatia Tasmánica” puede tener una edad superior a los 40.000 años.

 

IVº.- DEFINICIÓN DEL ENVEJECIMIENTO.

Es evidente que, de manera intuitiva, todos sabemos lo que es el envejecimiento y, sin embargo, no resulta nada fácil dar una definición sobre el mismo. El envejecimiento se significa por el efecto de un proceso de deterioro donde se suman todos los cambios que se dan con el tiempo en un organismo y que conducen, primeramente, a diversas alteraciones funcionales y, finalmente, siempre a la muerte. Estos cambios se producen en el orden;

-         bioquímico

-         morfológico,

-         funcional,

-         psicológico y

se caracterizan por una pérdida progresiva de capacidades del organismo, que se traduce en un aumento progresivo de la vulnerabilidad ante situaciones inéditas ya que implican, también, una genérica pérdida de la capacidad de adaptación.

Se puede definir envejecimiento, por tanto, primero

a)     como una etapa de la vida y posteriormente

b)    como un proceso de deterioro.

Sin embargo, más interesante que dar una definición de este concepto duplicado es comentar algunos aspectos del envejecer y, para ello, no hemos de olvidar que el paso del tiempo y la propia edad es susceptible entenderse, otra vez, en un doble aspecto;

- La “Edad Cronológica” que se fija en relación del tiempo pasado desde el nacimiento; son los años, de métrica y conceptualización administrativa y con efectivo interés legal.

- La “Edad Biológica”, que es individualizada y que se relaciona con la correcta armonía y funcionamiento vital de una persona determinada en relación a muy diversos patrones estadísticos.

El envejecimiento, en definitiva, se configura como un conjunto de procesos de detrimento paulatino del funcionamiento de los diferentes órganos del cuerpo humano y de las funciones o productos de los mismos y no es mas que una natural modificación del organismo consecuencia del paso del tiempo asociado a un declive de la capacidad de adaptación y una disminución de la capacidad de respuesta a los agentes lesivos que interfieren en el funcionamiento del mismo. Científicamente se considera como muy posible que las células están genéticamente programadas para un determinado número de renovaciones o divisiones pero sin que, por ahora, se pueda determinar la exacta duración de cada periodo de renovación ni tampoco el número concreto de los mismos. El “telómero” es la parte del ADN encargado de la repetición celular referida y viene a ser, gráficamente, como un reloj genético que marca el tiempo total y sucesivo de vida de cada célula y, en definitiva, de cada uno de nosotros.

Las características del envejecimiento son muy volubles entre cada individuo pero podemos concretar como comunes o típicos los siguientes aspectos, mas o menos, siempre presentes;

- Deterioro de las capacidades mentales; demencias seniles.

- Decrecimiento de la fuerza muscular.

- Pérdida de la agilidad y capacidad de reacción refleja.

- Pérdida de las capacidades visual y auditiva.

- Limitación de la elasticidad muscular y distensión de los tejidos.

- Deformaciones en la estructura ósea: artritis, osteoporosis…

- Reducción de la estatura aproximadamente 1 Mm. por año.

- El tórax se ensancha mientras que las extremidades se hacen más delgadas.

- Aparición de arrugas en el tejido cutáneo.

- Disminución de los sentidos gustativo y auditivo.

- Pérdida progresiva de la función sexual.

 

Vº.- LAS REPERCUSIONES LEGALES DE LAS “FASES DE LA VIDA”.

Actualmente se considera que el límite de edad del ser humano está en 122 años y que la esperanza de vida, en España, es de 83 años para las féminas y de 77 para los varones. Mas como anécdota que como dato científico se dice que “…los avances científicos permiten que la esperanza de vida aumente más de diez horas cada día…”.

En un reportaje: “¿El Elixir de la Juventud?” publicado en el periódico español “El País” por Javier Sampedro, en fecha 15 de marzo de 2009, se decía que; “…nadie sabe muy bien lo que podría pasar si la población empezara de pronto a vivir 100 años, y en unas buenas condiciones físicas y mentales. Pero ese elixir de la juventud es lo que persigue, en último término, una línea de investigación muy seria, que abarca 800 millones de años de evolución biológica y ha atraído 1.000 millones de dólares de la gran industria farmacéutica…” y que “…un elixir de la juventud promueve más escepticismo aún que un crecepelo. Aparte de resultar demasiado complejo para reducirlo a una fórmula, el envejecimiento parece estar imbricado en la naturaleza más elemental de las cosas: estamos hechos de materiales, y todos los materiales se estropean con el tiempo…”. Vale la pena meditar sobre tan acertadas palabras, al tiempo que recordar que, en la ciencia actual, se pueden hallar más de 250 teorías sobre el por qué del envejecimiento humano.

Puede resultar un tanto sorprendente, en relación con lo que diremos en el epígrafe siguiente, que el Código Civil vigente regule extremos tan precisos, respecto a la edad de la persona como estos;

1º.- los ya citados de los artículos 29 y 30, respecto al inicio de la vida,

2º.- el artículo 315 del Código Civil fija la mayoría de edad en los 18 años,

3º.- que para adoptar se requiera un mínimo de 25 años y 14 mas que el adoptado (artículo 175 del Código Civil),

4º.- la emancipación puede tener lugar desde los 16 años (artículos 319 y ss. del Código Civil),

5º.- no se puede testar si no se tiene 14 años (artículo 663 del Código Civil) y, si es testamento ológrafo, 21 años (artículo 688 del mismo Cuerpo Legal),

6º.- la edad también determinará el Derecho a los alimentos de los artículos 110, 142 y ss. del Código Civil y, a modo de conclusión,

7º.- el complejo sistema normativo de los artículos 154 y ss. del Código Civil respecto a las relaciones paterno-filiales.

Todo lo anterior valga de mero ejemplo, solo de ejemplo, de la atención que la Ley (aquí nos hemos circunscrito, exclusivamente, al Código Civil) respecto a la edad de las personas; pero es una apariencia; en estas líneas queremos denunciar la muy flagrante alegalidad, consecuente confusión y frecuente indefensión que se observa en nuestro Ordenamiento Legal cuando viene referido a las Personas Mayores y, ante todo, al caso de la Longevidad.

 

VIº.- LA REPERCUSIÓN LEGAL DE LA LONGEVIDAD.

La Sociedad Española de Medicina Geriátrica (SEMEG), en 2006, estimaba que casi un tercio Fecha de publicacde las personas mayores de 65 años desarrollan algún tipo de déficit funcional y, según la misma fuente, alrededor del 20% de los 7,3 millones de personas mayores de 65 años que viven en nuestro país, dependen de otros para su cuidado personal. Evidentemente la edad avanzada viene a determinar determinadas circunstancias que, en algunos casos, rodean la capacidad legal, la plenitud de conocimiento y voluntad, la autonomía personal o las facultades propias para actuar, legitima y legitimadamente, en la sociedad actual. Aquí vamos a ver como, para el Sistema Legal Español, el trascurso del tiempo y los efectos, ya enumerados que ello conlleva no tiene significado, valor o estimación alguna y concibe a la Persona Mayor –que evidentemente convive con evidentes limitaciones- como si se tratara de una persona plenamente capaz y que conserva, en su integridad, la plena libertad decisoria y la capacidad jurídica de obrar. Ello lo consideramos un error o una falta de previsión legal que puede venir a menoscabar, ya desde una óptica colectiva como es la legal, los legítimos intereses y derechos de aquel que, con una avanzada edad y alguna deficiencia propia de la misma, ante todo en el terreno intelectual, no se encuentra legalmente incapacitado y es tratado por la Ley, como plenamente responsable de sus actos y no se halla beneficiado por cualquier previsión legal asociada a la edad, como los que hemos descritos unos folios atrás. Primeramente hemos de advertir que aquí, de forma excluyente, solamente nos queremos referir a aquellas personas que han alcanzado una importante longevidad y que no han sido incapacitados legalmente.

Hagamos un paréntesis para estudiar la Incapacitación Legal que se configura como el medio que pone la Ley para suplir la capacidad de una persona que no puede gobernarse por sí misma. No es cuestionable que la incapacidad jamás existirá;

-                                  si así no lo indicado y dispuesto la oportuna Sentencia Judicial,

-                                  posterior al procedimiento incoado al efecto,

-                                  el cual sólo podrán iniciar el cónyuge o los descendientes y,

-                                   en caso de que éstos no existan, la opción de instar la incapacidad sólo corresponderá a los hermanos u otros familiares mas lejanos del presunto incapaz pero

-                                  si las personas mencionadas no existen o no solicitan la incapacitación, corresponderá al Fiscal la iniciación del procedimiento de incapacitación.

Eso sí, por otro lado, cualquier individuo está facultado para poner en conocimiento del Ministerio Fiscal todo hecho que pueda ser determinante de la incapacitación de una persona mayor... lo cual, en definitiva, resulta una incongruencia al dejar el amparo de las aptitudes legales de una persona mayor al capricho de un tercero.

Lo cierto y real es que la Legislación existente relativa a los Mayores de Edad no solo es parca y dispersa sino que, también se puede decir, con pocas dudas, poco favorable a los intereses de los mismos. Y es poco favorable en el sentido de que tendría que regirse por un permanente objetivo de cubrir los déficits que significarán los deterioros reflejados, propios de la excesiva edad. Al igual que la Ley protege al menor de edad o al discapacitado tendría que dotarse de elementos semejantes en relación con las personas longevas. Legislación protectora, si, protectora ya que resulta patente que pueden ser propicias víctimas de ilícitos civiles o penales, para los que no existe previsión legal alguna.

¿Es qué es lo mismo que un joven de 24 años constituya una Sociedad Mercantil, de compleja estructura, bien con otros socios de su misma edad o bien con personas octogenarias? Evidentemente que no. El joven gozará de una posición de control societario muy diferenciada en una y otra Sociedad, por las cualidades personales de sus socios; así de evidente y así de simple.

Pero, incluso, es más; esta, llamemosla, “omisión legal de protección de la persona de edad avanzada” no cabe duda alguna que siempre va a contradecirse con la indicación legal que, desde el artículo 9.2 de la de la Constitución Española, dispone que; …2. Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y a igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social…” y es que la longevidad, muy frecuentemente, lleva aparejada la existencia de enfermedades degenerativas; Alzheimer o Demencia Senil, por poner dos ejemplos o bien, pérdida de memoria o facultades decisorias inmediatas, lo cual viene a plantear un grave escollo en esa plenitud y facilitad en la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social… Por el contrario, el artículo 39.4 de la Constitución Española dice que; “…4. Los niños gozarán de la protección prevista en los acuerdos internacionales que velan por sus derechos…” o bien el artículo 49 ordena que; “…los poderes públicos realizarán una política de previsión, tratamiento, rehabilitación e integración de los disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos, a los que prestarán la atención especializada que requieran y los ampararán especialmente para el disfrute de los derechos que este Título otorga a todos los ciudadanos…” no se entiende la causa legal que venga a “olvidar” que la longevidad supone, casi siempre, al fin y al cabo, una disminución física, sensorial o psíquica de la persona.

Lo único que encontramos en la de la Constitución Española a este respecto es el contenido del artículo 50 que dice que; “…los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad. Asimismo, y con independencia de las obligaciones familiares, promoverán su bienestar mediante un sistema de servicios sociales que atenderán sus problemas específicos de salud, vivienda, cultura y ocio…”. No vale la pena hace comentario alguno sobre “…la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad…” ya que, mas bien, parece que tal enunciado pretende querer evitarse el análisis de otras necesidades de protección, mas allá de las meramente económicas.

Por otro lado, no debemos olvidar que Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de “Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia”, publicada en el BOE núm. 299 de 15 de diciembre de 2006, conocida como La Ley de Dependencia en su articulado entiende que Dependencia es: “…el estado de carácter permanente en que se encuentran las personas que, por razones derivadas de la edad, la enfermedad o la discapacidad, y ligadas a la falta o a la pérdida de autonomía física, mental, intelectual o sensorial, precisan de la atención de otra u otras personas o ayudas importantes para realizar actividades básicas de la vida diaria o, en el caso de las personas con discapacidad intelectual o enfermedad mental, de otros apoyos para su autonomía personal…” y que las necesidades de apoyo para la autonomía personal son: “…las que requieren las personas que tienen discapacidad intelectual o mental para hacer efectivo un grado satisfactorio de autonomía personal en el seno de la comunidad…”, obviando o esquivando, nuevamente, un trato específico de la persona mayor, cosa que no hace con otras miembros de nuestra sociedad, como hemos visto en el caso de los menores o como existe para los desempleados o la mujer víctima de Violencia Familiar.

Frente a este vacío legal no podemos olvidar que la Ciencia sí que dedica un buen espacio de su labor a la Gerontología que se define como “ciencia que trata de la vejez”. La gerontología es una joven disciplina que se ha desarrollado, prácticamente, en la segunda mitad del siglo XX. Finalmente hay que hacer hincapié en que sociológicamente si que se advierte unas normas de conducta específicas y propias para las personas mayores que se reflejan en actos tan cotidianos como cederles asientos, ayudarles genérica y “educadamente” en sus actividades o potenciarles cierta preeminencia en las actividades sociales. Y la Ley, en definitiva, no tiene que ser mas que un reflejo de las normas de conducta socialmente beneficiosas y eficaces.

 

VIIº.- CONCLUSIONES.

Con estas breves líneas, tal vez prefacio de un trabajo mas penetrante, hemos querido dejar claro que la Ley Española no se para a contemplar una posible “Ley Integral de la Persona Mayor” que regulase eficazmente todos los aspectos que la edad ha ido causando en su persona, genéricamente en forma de desventajas, así como su asistencia, la posible revisión o anulabilidad de sus actos, el funcionamiento de las Residencias Geriátricas, la Medicina Geriátrica… y tantos otros aspectos que no aparecen en la referida “Ley de Dependencia”.

Evidentemente el Sistema Legal no puede ir por delante de la Sociedad. imponiéndose a la misma con arbitrarios designios, pero, por el contrario, si que tiene la directa obligación de contemplar el ordinario funcionamiento, contexto y desarrollo de la misma y adoptarlo en forma de Leyes, bien cuando hayan demostrado su eficacia, bien cuando el sentir popular y la actividad social haga conveniente, necesaria o imprescindible la misma. Y eso no ocurre en la actualidad.

Recordemos que existen Leyes de Protección del Medio Ambiente, Especies Animales legalmente protegidas, prohibiciones de actividades forestales… ¿y por qué no una Ley de Protección de los Intereses de la Persona Mayor o de “La Tercera Edad”?

 

RAMÓN MACIÁ GÓMEZ

Magistrado Jubilado

Mayo de 2011

sanedrin@ramonmacia.com

www.ramonmacia.com

 

 

 

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