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UNA APROXIMACIÓN A LA ESTRUCTURA Y A LOS DERECHOS DE LA PERSONALIDAD.

 

Iº.- EL CONCEPTO DE LA PERSONALIDAD. GENERALIDADES.

Desde el punto de vista etimológico, el término “personalidad” procede de la palabra griega “persum”, que se traduciría en cabeza o cara y que tiene la misma raíz que “proposon” que significa máscara. En efecto, en el antiguo teatro greco-romano, los actores utilizaban máscaras y éstas definían el papel que cada actor iba a representar, es decir, su personalidad. La personalidad es el continuado, permanente e individual patrón de pensamientos, sentimientos y conductas propio de cada persona y que persiste a lo largo de toda su vida, a través de diferentes situaciones.

Hoy en día, se entiende por “personalidad” la estructura de pensamientos, convicciones, creencias, opciones, actitudes y conductas que, cada persona de forma exclusiva, adquiere, genera, mantiene, ejecuta y desarrolla, sin apenas fundamentales variaciones, a lo largo de su vida. En realidad, cuando se estudia la personalidad, no importa la conducta de un individuo sino que se indaga cual es el “parámetro de conductas” de un sujeto concreto, o dicho en otros términos; el cómo y el por qué este acostumbra a comportarse de forma similar en situaciones cotidianas.

Lógicamente este “parámetro de conductas” viene enfocado, incuestionablemente, a la satisfacción de nuestras necesidades como seres vivos y seres racionales que somos. Si no fura así “la personalidad” resultaría ser un conjunto de características inanimadas, inmutable y amorfas, con un contenido variable y diferencial en cada ser humano. En realidad, esta pequeña apostilla, es lo que dota de trascendencia, real, material y vívida al concepto de la personalidad, que pasamos a estudiar.

 

IIº.- DIFERENTES CONCEPTOS PSICOLÓGICOS DE LA PERSONALIDAD.

Sigismund Schlomo Freud (1856-1939), médico y neurólogo austríaco, creador del psicoanálisis, mantenía que para que una persona esté satisfecha sólo necesita trabajo y amor. Por otro lado, Abraham Maslow (1908-1970), psicólogo estadounidense desarrolló una interesante Teoría de la Personalidad, en su obra: “A Theory of Human Motivation” de 1943, basándose en la jerarquía de necesidades humanas; la denominada “Pirámide de Maslow”, que defiende que conforme se satisfacen las necesidades más básicas los seres humanos desarrollan necesidades y deseos más elevados. Estas necesidades están jerarquizadas en las siguientes escalas;

o       Necesidades fisiológicas.

o       Necesidades de seguridad y protección.

o       Necesidades de afiliación y afecto.

o       Necesidades de estima y

o       Necesidades de autorrealización.

Alfred Adler (1870-1937), médico y psiquiatra Vienés próximo a Freud es considerado como el primer teórico humanista de la personalidad y, en sus teorías, postula una única “pulsión” o fuerza motivacional detrás de todos nuestros comportamientos y experiencias al que denomina “afán de perfeccionismo” según el cual, los seres humanos están motivados positivamente para un constante progreso hacia niveles superiores de los valores que, el propio individuo o su entorno social, considera positivos. Pues bien; dicha motivación, y el progreso que ella va a generar individualmente, es el núcleo de la personalidad de cada uno.

 Muy similar a esta idea es la teoría de la auto-realización de Carl Rogers (1902-1987), en la que la personalidad se entiende como la capacidad del ser humano para configurar un “ámbito personal” en el que desarrollar libremente tanto las propias convicciones, concepciones y conductas como las de su entorno. Según este concepto de la personalidad, todo ser humano responde a determinados impulsos para desarrollar su potencial biológico e intelectual para convertirse en aquello que, intrínsecamente, considera que debe y puede llegar a ser.

Desde otras concepciones psicológicas, más asépticas y racionalistas, podríamos referir numerosas definiciones de la personalidad; por citar sólo algunos planteamientos, sobradamente aceptados, recordemos que;

PRIMERO.- Según la mayoría de los “psicólogos clásicos” los factores que intervienen en la personalidad se pueden resumir en:

a) Factores innatos o hereditarios; (conexiones neuronales, humores, glándulas…) que influyen, directamente, sobre el individuo.

b) Factores cognitivos; sentidos, imaginación, memoria e inteligencia, que interactúan con el medio.

c) Factores tendenciales; voluntades y preferencias, que se desean satisfacer.

e) Factores medioambientales; como la educación, el entorno familiar o los vínculos sociales que contribuyen de modo fundamental en la configuración de la personalidad.

f) Factores relativos a la conducta de cada individuo, adquiridos con el tiempo y que determinan un concreto comportamiento vital.

SEGUNDO.- Por su parte, Hans Jürgen Eysenck (1916-1997) intentó delimitar en qué consiste la estructura de la personalidad y para él: “…la personalidad es una organización más o menos estable y duradera del carácter de una persona, temperamento, intelecto y físico que determinan su ajuste único al medio…”, basándose en los siguientes elementos;

A) el carácter; que guarda relación con el sistema de su conducta voluntaria,

B) el temperamento; que está referido al sistema de su conducta afectiva o emocional,

C) el intelecto; que se relaciona con sus patrones de conducta cognitiva o la inteligencia y

D) el físico; relativo a su configuración corporal.

TERCERO.- Según Gordon Allport (1897-1967) cuyas teorías se basan en que la motivación esencial de los seres humanos es la tendencia a satisfacer necesidades biológicas de supervivencia, bajo el nombre de “funcionamiento oportunista”; este funcionamiento se caracteriza por su reactividad, y, además, tiene una connotación biológica. La personalidad, entonces, es “…la organización dinámica de los sistemas psicofísicos que determina una forma de pensar y de actuar, única en cada sujeto en su proceso de adaptación al medio…”. Desde este criterio se diferencian, dentro de la personalidad, las siguientes facetas:

·    La ideología, que hace referencia a la vertiente interna de la personalidad.

·    El comportamiento o la conducta, que se refieren a la exteriorización de la personalidad.

·    Lo dinámico, que se traduce en el constante intercambio con el medio, de cada individuo

·    La organización, que es la específica estructura de la personalidad de cada sujeto.

·    Los sistemas psicofísicos, que están vinculados con las actividades que provienen de los procesos psíquicos y físicos de los individuos.

CUARTO.- Últimamente, se viene configurando un modelo estructural de descripción y clasificación de la personalidad basado, también, en cinco elementos que, pese a cierta aceptación, recibe importantes críticas ya que ni tan siquiera existe acuerdo sobre las denominaciones de los cinco factores que forman este modelo, siendo las que logran mayor aprobación las siguientes:

1º.- Extraversión / Surgencia / Energía.

2º.- Agrado / Cordialidad / Afabilidad.

3º.- Responsabilidad / Escrupulosidad / Tesón.

4º.- Neuroticismo, o su reverso, Estabilidad Emocional.

5º.- Apertura a la Experiencia / Cultura / Intelecto.

 

Dejando de lado las diferenciadas configuraciones de la personalidad y hay que considerar que, junto a los anteriores factores de la estructura de la misma, no podemos olvidar que existen otros elementos, como son:

1º.- La voluntad, entendida como la tendencia hacia una meta reconocida por la inteligencia como positiva y que está unida íntimamente a la libertad,

2º.- La ideología, que es el modo de ser peculiar, de cada persona, configurado en base a la posesión y el ejercicio de unas ideas o creencias determinadas y, finalmente,

3º. - La libertad, por la que cada individuo sólo ha de depender de su propia determinación.

 

IIIº.- EL CONCEPTO DE LA DIGNIDAD.

Junto a la personalidad, y como elemento fundamental e integrante de la misma, pero al tiempo con autonomía propia, se encuentra el concepto de “Dignidad” que, etimológicamente, se deriva del adjetivo latino “dignus” que significa “valioso” y, subjetivamente, es el sentimiento que nos hace sentir valiosos, sin importar nuestra vida material o social. Muchas veces, en el terreno fáctico, resulta difícil diferenciar y distinguir los conceptos de personalidad y de dignidad. En realidad podríamos considerar que ambos conceptos son las diferentes visiones, objetiva o subjetiva, de una categoria superior; la persona.

La dignidad como la han definido, desde Platón (427 -347 a.c.) a Immanuel Kant (1724-1804), es el valor intrínseco y supremo que tiene cada ser humano, independientemente de su situación social, cultural y económica y sin relación directa con sus creencias, concepciones o ideologías. Todo ser humano posee dignidad por sí mismo, no viene dada por nada ni por nadie, se adquiere desde el mismo instante del nacimiento y es inalienable. Su base es el reconocimiento de la persona de ser merecedora de un respeto y, como todos tenemos dignidad, resulta que todos mereceremos mismo respeto sin importar ni quien seamos, ni cómo seamos, ni nuestras circunstancias. Es más, cuando reconocemos y toleramos las diferencias de cada persona, para que ésta sea digna y libre, es cuando, también, se reafirma nuestra propia dignidad.

La negación de la Dignidad ha servido, por ejemplo, para justificar la esclavitud ya que se mantenía que el esclavo no era persona, sino un objeto que no tenía alma –mística residencia de la Dignidad- y por lo tanto no poseía dignidad humana. De forma similar se argumentó sobre judíos, gitanos y homosexuales, durante el nazismo.

 Desde otra óptica, debemos afirmar que la dignidad de la persona está, necesariamente, vinculada a los siguientes parámetros:

a)                  la adquisición de conocimientos que, junto a la inteligencia y a la voluntad, se constituirán como los presupuestos imprescindibles para ejercitar la libertad, para elegir sus propias conductas,

b)                  la universalización de la dignidad; el ser humano, varón o mujer, niño o anciano, enfermo o sano, creyente o ateo, malvado o benévolo, súbdito o Rey, chino, blanco o negro... es “siempre digno” y, por ello, incluso al ser más abyecto, hay que reconocerle la máxima dignidad.

Junto a la Dignidad, se sitúa el honor, como aspecto parcial de la misma, que se traduce en el desarrollo de la dignidad mediante la ejecución de determinadas conductas. En ese sentido, el honor es una herencia de la infancia; cuando carecemos de datos y el mundo carece de nuestros datos. Lo normal es que todos, mediante nuestra conducta, hayamos modificado nuestro honor, honorabilidad o heteroestima que, evidentemente, sí que pueden sufrir modificaciones o deterioros pero siempre, al tiempo, siempre cabe la posibilidad de remodelar o reconducir, modificar su conducta y reconstruir su honor.

En esta faceta ya no poseemos todos un mismo grado de honor (a diferencia de lo dicho con la personalidad y la dignidad) porque este honor siempre es susceptible de ser modificado o reconstruido por nuestra conducta específica o por nuestro comportamiento continuado.

 

IVº.- LOS CONCEPTOS JURÍDICOS DE LA PERSONALIDAD Y DE LA DIGNIDAD.

Resulta incontestable que el concepto de persona es adoptado por el Derecho desde la realidad, ya que éste se limita a aceptar nociones fácticas y sociales previas. En consecuencia, siempre habrán de coincidir el concepto social del individuo con el legal de la persona y, en derecho, persona es todo ser con aptitud jurídica y personalidad es la estructura jurídica que significa, activa y ejecuta dicha aptitud. Sin embargo, paradójicamente, se sigue discutiendo si la personalidad es efecto automático de la realidad social o, por el contrario, se constituye en una condición jurídica, con un origen normativo. Desde ni punto de vista, siempre, desde cualquier concepción legal resultará necesario admitir que:

a) la Personalidad es un atributo natural reconocido por la norma legal pero que

b) el Derecho tan sólo puede dotar de Personalidad a aquellos seres que provienen de la realidad y que, sin embargo,

c) el Derecho no puede privar a nadie de su Personalidad.

Hechas las anteriores acotaciones, resulta que la personalidad se configura, jurídicamente, como la estructura general inherente a toda persona, íntimamente vinculada a la libertad de ideas y creencias y a los derechos a la integridad física y mental, al honor, la intimidad personal y familiar y la propia imagen, que se manifiesta singularmente en la autodeterminación consciente y responsable de la propia vida y que conlleva un incuestionable respeto por parte de los demás.

Centrándonos ahora en el concepto jurídico de la dignidad, hay diversos criterios, si bien, todos ellos, son, al fin y al cabo, esencialmente coincidentes:

a) Federico Schiller (1759-1805) jurista y dramaturgo alemán, sostiene en su obra “De la Gracia y la Dignidad”, que la dignidad se asienta en la autonomía de la voluntad de cada ser humano.

b) Las concepciones humanistas afirman que la dignidad de la persona constituye el límite legal del Poder del Estado. O bien el llamado “humanismo laico” que refiere el concepto de la dignidad como fundamento de la libertad y la igualdad de los derechos del hombre.

c) Rudolf Stammler (1856-1938) doctor en derecho y filosofía, de cuyas ideas era firme partidario el español Giner de los Ríos (1839-1915), elaboró una serie de principios relativos a la configuración jurídica de la Dignidad, que se resumen en cuatro y se agrupan en dos clases, a saber:

1º) Principios de recíproco respeto:

a) los fines y los medios de una persona no pueden quedar al arbitrio de otro y

b) la exigencia de dispensar un trato o relacionarse con otra persona con la debida dignidad.

2º) Principios de la participación:

a) una comunidad nunca podría rechazar a nadie en base a criterios inmotivados y

b) la capacidad jurídica inherente a cada persona deberá ser ejercida siempre desde la dignidad.

Para Giorgio del Vecchio (1878-1970), la idea de la justicia, gira en función de la dignidad de la persona individual y de la paridad o igualdad jurídica.

Para Luís Recasens Siches (1903-1977), filósofo del derecho mejicano, dos son los ejes de la dignidad humana, a saber:

- el derecho a la vida y

- el derecho a la libertad individual.

Según Recasens, el ser humano se diferencia de los animales por su dignidad personal y la idea de la libertad de la persona está implícita en la de la dignidad. En sus ideas sobre la extensión y alcance del derecho a la vida digna y libre, incluye algunos aspectos, entre los que destacan:

1º) el derecho de todo ser humano a que los demás individuos no atenten injustamente contra su vida, integridad corporal o salud,

2º) el derecho de todo ser humano a que el Estado proteja su vida y su integridad corporal contra cualquier ataque de otra persona,

3º) el derecho de todo ser humano a que el Estado respete su vida y su integridad corporal,

4º) el derecho de todo ser humano a que la solidaridad social le provea de los necesarios auxilios para su subsistencia.

 

Vº.- LOS PRINCIPALES CARACTERES DE LOS DERECHOS DE LA PERSONALIDAD.

Después de una tan extensa introducción procede ya hablar de la caracterización general de los derechos de la personalidad. Y, muy escuetamente, pues sobran tratados que al respecto se refieren, podemos definirlos siempre dentro de estas coordenadas:

a) Son derechos personalísimos, lo que significa que los derechos de la personalidad existen en cada ser humano por el hecho de existir, sin necesidades o requisitos complementarios. Se debe entender que un derecho se considera personalísimo siempre y cuando, inexcusablemente, tan solo lo puede ostentar, activar o desarrollar  su titular, sin posible trasmisión a otra persona.

b) Son inherentes a cada persona en particular. Muy escuetamente podemos decir que sólo son derechos de cada persona los que gozan de una serie de particularidades como son la inalienabilidad, la indelegabilidad, la indisponibilidad, la irrenunciabilidad o la imprescriptibilidad, por citar algunas, dicho en los términos más clásicos.

c) Además, estos Derechos, configuran y generan un deber general de respeto. Dado que la dignidad de la persona y el libre desarrollo de la personalidad fundamenta la convivencia ciudadana, es evidente que los derechos de la personalidad deben ser objeto de un escrupuloso respeto general. En tal sentido, si fueren vulnerados o desconocidos, su titular puede ejercitarlos y reclamar su protección frente a todos, ya se trate del propio Estado o de los restantes conciudadanos. En consecuencia, los derechos de la personalidad pueden ser calificados como generales o en otra terminología, como absolutos.

d) Los derechos de la personalidad no tienen un sustento patrimonial, en cuanto, en sí mismos considerados, deben ser excluidos “del comercio de los hombres”.

e) Estos derechos se distinguen y se reconocen claramente en los ámbitos de la seguridad y de la libertad indispensables para el desarrollo de cada individuo.

f) En la acepción genérica del término, son Derechos Subjetivos, en cuanto permiten a su titular reclamar el respeto general y, en caso de lesión, recurrir al auxilio de la justicia y la oportuna sanción al infractor.

 

VIº.- EL CONTENIDO DE LOS DERECHOS DE LA PERSONALIDAD.

La clasificación de los derechos personalísimos ha de realizarse atendiendo a los bienes jurídicos de la persona que protegen. En este sentido se ha clasificado a los derechos de la personalidad en:

a) Derechos de la integridad física: dentro de los que quedan comprendidos todos los derechos relativos a una persona sobre su propio cuerpo; principalmente la protección de la integridad física.

b) Derecho a la no discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

c) Derecho de todo individuo, como ciudadano, a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal.

d) Derechos de libertad ideológica, de pensamiento o la que se vincula a la libertad de conciencia (libertad religiosa, libre expresión de ideas, etc.). Estos derechos atienden al ejercicio sin trabas tanto de las fuerzas físicas como de las espirituales. Además, nadie puede venir obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias. En la Constitución Española se reconocen y protegen los derechos:

-A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.

- A la producción y creación literaria, artística, científica y técnica.

- A la libertad de cátedra.

- A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión.

e) Derecho a la igualdad ante la ley.

f) Derecho a la libertad personal, según el cual nadie puede ser privado de su libertad,

g) El Derecho al domicilio constituido como un ámbito personal inviolable.

h) Los Derechos de la Personalidad abarcan al secreto de las comunicaciones personales o comunitarias.

i) La Personalidad implica el reconocimiento del derecho de reunión pacífica y sin armas así como el derecho de asociación.

j) La personalidad implica el derecho a la educación y se reconoce la libertad de enseñanza.

Como cerramiento de los anteriores Derechos –pero también como Derecho de la Personalidad individualizado- se entiende que las personas tienen derecho a obtener tutela efectiva de los jueces y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos, sin que, en ningún caso, pueda producirse indefensión.

      

 

RAMÓN MACIÁ GÓMEZ

Magistrado Jubilado

iuris@ramonmacia.com

Mayo de 2010

 

 

 

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